Opinión

Cultura de violencia

Cultura de violencia

En República Dominicana vivimos una cultura de violencia. Esta no tiene mucho que ver con los altos índices de criminalidad. Eso es más bien el resultado. La cultura de violencia está presente en todos los actos del día a día del dominicano promedio, desde despertarse hasta cuando va a la Iglesia. Pareciera como si no existiese lugar en este país donde todo no se ejerza con violencia.

 Cuando un vehículo forzosamente trata de cruzar carriles acercándose peligrosamente a los demás, está ejerciendo un acto de violencia. De similar forma, cuando un “pitcher” de voladora grita a los demás conductores y golpea la guagua para llamar la atención, ejerce un acto de violencia e intimidación. Cuando hay que esperar al menos dos segundos luego del cambio de luz en un semáforo para dejar que cinco vehículos se roben el rojo, estamos siendo sometidos a un acto de violencia. Y ni hablar de la lluvia de bocinas en medio de un tapón.

 Un limpiavidrios que corre hacia un vehículo y tira su trapo contra la voluntad de un conductor, así como un minusválido, un niñito, o una madre cargando un niño pidiendo dinero con insistencia en el medio de la calle, están ejerciendo violencia.

 Un parqueador improvisado que empieza a cobrar dinero a conductores que se aparcan en lo que se supone es un espacio público, ejerce intimidación. Uno no paga ese parqueo esperando una adecuada retribución por su dinero, uno lo hace como forma de comprar el derecho a “no ser robado” partiendo de la presunción de que si no se paga, el mismo parqueador se hará cargo de que su vehículo sea violentado.

 Un agente de seguridad privado, un policía o un militar mostrando un arma larga en donde sea, está ejerciendo un acto de intimidación y violencia contra todo el que tenga que cruzar cerca de él. De igual forma que cualquiera valiéndose de luces, escoltas e incluso bocinas oficiales para “despejar el tránsito” sin propósito justificable agrede.

 Una Iglesia o parroquia que pide ofrendas o un diezmo valiéndose de la presión que implica hacerlo frente a un público, está ejerciendo intimidación y violencia. Hasta el uso de un tono de voz alto, puede terminar siendo un acto violento.

 Cualquier hecho  que implique presión sobre la voluntad de una persona, o una invasión a su espacio personal con el fin de obtener algo de esta, es en su naturaleza un acto violento. La vida del dominicano común y corriente está llena de actos de este tipo. Estos pudieran parecer en principio inocentes, comparados a los actos comúnmente asociados con violencia como el asesinato, el asalto, las violaciones, etc. pero su acumulación es en gran parte  causa del desastre de sociedad que tenemos hoy.

 Sentirse que hay que pagar a un parqueador, un limpiavidrios, o un pedidor en la calle para preservar la integridad de un bien de nuestra propiedad, pagar ofrenda o diezmo a una Iglesia por presión del grupo, o entender que hay que respetar una autoridad por el tamaño del arma que porta, son todos actos de violencia.

 ¿Qué sociedad esperamos obtener si cada uno de nosotros es sometido a este tipo de violencia a diario, y la consideramos tan normal como que el sol saldrá mañana?

El Nacional

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