Opinión

Cultura en sábado

Cultura en sábado

Estuvimos hace unos días en el almuerzo que ofreció el gobernador del Banco Central, el licenciado Hèctor Váldez Albizu, a la prensa cultural y social y en el marco de este encuentro, disfrutamos de la compañía de muchos amigos, comenzando con Luis Martín Gómez, su director de Comunicaciones, pero a quien distinguimos sobre todo por la certeza y brevedad de sus cuentos y por su labor como productor del programa Yola Yelow,  uno de los pocos espacios  televisivo dedicado al impulso de  la literatura y sus embrujantes oficiantes.

En ese encuentro, coordinado por el BC con la Asociación de Cronistas Sociales que dirige ahora ¨Claudine Bonó,  tuvimos el gusto de saluda a dos personas, a las que dedicamos estas líneas.

Una de ellas es José Alcántara Almánzar es un escritor, sociólogo ensayista  y maestro caracterizado por la consistencia de su labor escritural, por su temperamento apacible, por el  firme seguimiento de sus metas profesionales  desde su postura de gestor cultural dotado de los recursos necesarios desde la Dirección de Cultura del Banco Central, que esta semana ha recibido uno de los mejores homenajes de su existencia, por parte del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).

Alcántara Almánzar es el tipo de persona que produce paz al compartir la rica densidad de su conversación. Sin posturas pre-establecidas, este escritor es en si mismo la demostración de cómo se puede vivir una existencia consagrada a metas de creación  literaria e impulso a otros escritores.

 

Lo conocí en 1975 en una experiencia que no habré de olvidar nunca: la conferencia que ofreció sobre el libro epistolar De Profundis, de Oscar Wilde.

Fue una disertación deliciosa de la cual recuerdo la plácida frescura documentada que nos hizo admirar y dar seguimiento a la obra de este misógino y maravilloso escritor inglés, sacrificado por una sociedad hipócrita y seguidor del “amor que no osa mencionar su nombre”.

Almánzar no tenía idea del impacto de sus revelaciones y análisis de la obra de Wilde, en un país en el cual no era costumbre el hablar de escritores homosexuales.

El no sabe que esa intervención nos cambió la percepción frente a esa conducta sexual.

La otra persona que encontramos en ese almuerzo es una cantante cuya fuerte y bien timbrada voz logramos escuchar solo de cuando en cuando.

Ileana Reynoso es una cantante extraordinaria que debía estar entre las figuras femeninas de la vocalidad latinoamericana y mundial.

 Alguien en algún lugar del planeta  debía hacerse consciente del talento que atesora esa garganta. Y tomar sus condiciones para desarrollar un proyecto que encandile a millones de personas con esa voz. Ileana, cuando cantó A mi manera, simplemente nos puso la carne de gallina. Llegó dentro. Muy dentro.

A José Alcántara y a Ileana Reynoso, dos artistas singulares, este humilde homenaje.

El Nacional

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