Pocas, muy pocas veces en nuestra vida habíamos disfrutado de la experiencia de una película simplemente extraordinaria. La Caja de Pandora tiene una virtud: es una de esas producciones que producen en cualquier audiencia, sin importar el país, la misma experiencia y disfrute: admiración y lágrimas.
Es éste es el tipo de cintas que sólo es posible localizar en las andanzas del cine independiente y que se consagrada por un guión de tanta fortaleza que parte del drama familiar cotidiano, concurrente en cualquiera de nuestros hogares y que además muestra tanta corrección técnica para cerrar con unas actuaciones sinceras y desgarrantes, provenientes casi todas del teatro turco.
Pocas veces como en La Caja de Pandora, se disfruta de un cine enraizado en los entretelones del desconocimiento entre hermanos que, al pasar por la experiencia de la desaparición momentánea de la madre, se dan cuenta de que enormes diferencias y tensiones los separan.
Pocas veces hemos visionado una actuación de una mujer Tsilla Chelton, francesa, de 90 años y que aprendió a la perfección los únicos siete parlamentos que tiene en la cinta de 112 minutos de duración, suficientes para que el público caiga a sus pies admirado de una actuación tan auténtica, grácil e intensa.Ella no habla más de tres minutos en total, pero parece que su capacidad histriónica no necesitaba de palabras. Nos recrea una anciana con Alzahimer, tan creíble, tan frágil y tan fuerte, todo en un sólo gesto actoral para ser estudiado. No casualmente ganó en el 56 Festival de San Sebastián, el premio a la mejor actriz y la producción como tal, el galardón a la mejor película.
Aun no se nos quita el buen sabor en la garganta. Era improbable que un enfoque tan cotidiano, tan subjetivo, tan humano fuera obra de un director hombre. La directora es la turca Yesim Ustaoblu, quien la seleccionó por la experiencia que tenia en la filmogracía la anciana gala, particularmente en Tía Daniela , y ¿Qué hacemos con la abuela?
El drama no puede ser más simple: tres hermanos pasados ya de la curva de los 40, reciben una llamada: la madre que vive sola en la montaña frente al Mar Negro, ha desparecido. Se ponen en camino y durante el trayecto aflorarás los rasgos de tres personalidades que se desconocían entre sí.
La cinta se estrena el próximo jueves en Fine Arts, de Novo Centro. No se atrevan a dejar de verla.

