Opinión

Cultura en sábado

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Elite (2009, Puerto Rico) no será jamás premiada por ser original en su guión, pero habrá que reconocer la capacidad del cine boricua para acometer producciones comerciales de gran arraigo en la gente común. La crítica especializada y profesional tendrá sus reparos, muchos de ellos con justificada argumentación, pero ello no impide reconocer este largometraje como una excelente oferta escapista a la que se puede acudir dejando el traje de intelectual en el ropero.

Elite, la película de acción policial del boricua  Andrés Ramírez, ha llegado a las pantallas con un planteamiento escapista y su sabor de triller matizado el humor del Caribe, llama a una serie de reflexiones que circulan mucho más allá de calificarla de buena o mala.  Elite no va a ganarse el Oscar, pero  representa con efectividad  una capacidad de producir cine al nivel más adecuado posible, con el presupuesto que se tuvo a mano, además de constituirse en un lazo de acercamiento en el arte de los pueblos puertorriqueño y dominicano.

La película no es perfecta. Hay algunos fallos de continuidad y uno que otro descuido en momentos de interpretación, muchas referencias que llevan al espectador a películas ya harto conocidos y tiene, a favor o en contra, una concepción que se ha llevado al cine un millar de veces y una más. Pero Elite aspira, y logra, ser un digno filme de acción.  Recoge comercialmente todos los elementos propios de este tipo de cintas: El protagonista  Jean-Paul Polo, la clásica pareja de agentes con buena química y gran sentido del humor, la belleza peligrosa y mortal la Sandra (Denisse Quiñones), el chico inteligente experto en “hakeo” computacional  (Frank Perozo), un supermalísimo antagonista José Saldaña (John García), quien ofrece una lección histriónica en su actuación y la caracterización del sicario homosexual Félix Flores, (Rodolfo Rodríguez), y quien, a la larga, resultará el personaje más curiosamente recordado, tras el paso del tiempo. La creatividad  de los guionistas Jean-Paul Polo y Josean Rivera es lo más original de Elite. En una palabra, los dos  villanos sobresalen más que los protagonistas, desde el punto de vista de la actuación.

Frank Perozo domina con facilidad el rol tecnológico humorístico que se le asigna y logra unos “gags”  que hacer reir de buena gana.

El manejo del humor que matiza algunas escenas, es otro de los aportes novedosos de Elite.

Como producción cinematográfica  la película ha comenzado a colmar el gusto del público popular y de clase media.

El Nacional

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