Opinión

Cultura en sabado

Cultura en sabado

Si alguna artista plástica finalizó este año con la mayor de las satisfacciones posibles por el reconocimiento a su obra como nunca antes había tenido lugar, esa mujer se llama Ada Balcácer.

De Ada Balcácer nos seduce su obra y su sonrisa, pero más la primera que la segunda, ésta última con múltiples caras a ofrecer. No es sólo una pintora de estilo y estirpe, no es sólo una dibujante imaginativa, académicamente insuperable y de un sello único en su trazo.

Ella es una mujer integral y completa, para ella, no ha habido limitaciones de ningún tipo. Se ha burlado de lo que otras personas incluso utilizan en cualquier esquina para generar lástima, conmiseración y hasta recursos, aprovechando la ideología del “ser buena gente”.

Una mujer verdadera, total y única. Se trata de una artista que independientemente del estético sentido caribeño de su obra, es mucho más que lo demandado por la paleta de colores y el telar en blanco.

Ada Balcácer no ha conocido limitaciones ni respecto de ella, ni en relación con su rol social de promotora del mejoramiento de la condición de la mujer, desde mucho antes de que fuera una justiciera al  hablar y  trabajar por las mujeres de los sectores más empobrecidos, por la vía del trabajo sobre todo artesanal.

Mucha es la gente que no conoce, ya que ella no presume de nada, de los avanzados proyectos que desarrolló hace 30 o más años a favor de mujeres pobres, a las cuales les ofreció la alternativa de producción mediante las artesanías y otras formas de promoción social.

Lo que hizo este año 2011 el Centro León con Ada Balcácer, al montar la más importante exposición que se le haya hecho a su obra (Alas y Raíces),   y que para muchos fue el descubrimiento del  arte excepcional, original y puro de un talento que hace años requería de la lentísima justicia social del reconocimiento integral de una nación más pendiente de sus delincuentes y malbaratadores que de sus joyas humanas expresadas en planos tan notables como el arte.

Gracias al Centro León, hemos tenido una visión digna y de conjunto de la obra de esta mujer, el mejor catálogo que haya tenido nunca. No sabemos de quién fue la idea, pero hay que bendecir esa mentalidad que concibió en esta proporción el homenaje nacional en que ha derivado la muestra abierta al público en Santiago.

Pintora y dibujante de extremo cuidado.  Balcácer debe sentirse ahora una mujer plenamente reconocida por una patria que, en oportunidades, sufre de daltonismo social frente a sus verdaderos valores.

El Nacional

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