Artesanías y Black Jack
La XIII Feria Internacional del Libro se ha comenzado a consolidar como evento multi-cultural en el cual caben todas las expresiones de la vida. El pasado 28 de abril, aniversario de la segunda intervención militar norteamericana, la Comisión Permanente de Efemérides Patrias y la Marina de Guerra en representación de las Fuerzas Armadas, instalaron el moto-velero Black Jack en que arribó clandestinamente el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó en 1973, por playa Caracoles, Azua.
La nave, restaurada, se encuentra frente al Museo del Hombre Dominicano (nombre que ya debía cambiarse a uno con perspectiva de género) y ahora provoca la curiosidad y la admiración de las miles de personas que acuden a la Feria. Falta sólo alguna instrucción museográfica que oriente a las personas en torno a lo que representa. La nave, a la gente que sabe de qué se trata, le provoca un sentimiento combinado de nostalgia, orgullo y patriotismo.
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Una zona que ha sido muy visitada y acertadamente instalada esta vez es el Paseo de la Artesanìa, la cual resulta una de las más atractivas y funcionales del evento.
El año pasado esa zona resultó incómoda, estrecha y con escasa funcionalidad. Ahora está en el costado Este del Museo del Hombre Dominicano y las casetas fueron construidas en materiales amigables con esa actividad, como es la madera y la cana. Una de las artesanas, llamada Orsini, en el módulo 24, ha llamado mucho la atención por su actitud agradable y su capacidad para ir produciendo frente al frente al público.
La zona presenta muy buenos precios y el contacto con este grupo de artistas resulta altamente creativo. Es admirable cómo transforman la madera, el alambre y otros materiales.

