VILLA GONZALEZ. Hace algunos años, mientras se desempeñaba como misionero en Perú, el padre dominicano Emilio Acevedo comenzó a acariciar la idea de que, cuando regresara al país a ejercer su ministerio, se dedicaría en cuerpo y alma a crear un lugar donde recibieran asistencia niños, jóvenes y ancianos.
Desde entonces bullía en su interior el deseo de que en el país existiera algo similar a lo que sólo en sus sueños percibía y, al regresar hace tres años, puso manos a la obra, tras ser designado como párroco de la iglesia Santa Clara, de este municipio. Es así como aquello que entonces daba la impresión de ser una quimera, hoy se está convirtiendo en una realidad, gracias a lo avanzado en que está lo que el propio padre Emilio ha denominado como Ciudad de la Divina Misericordia.
El ambicioso proyecto se construye sobre cuatro mil tareas ubicadas en la comunidad Palmar Abajo, de este municipio y contará de espacios para atender ancianos, personas adictas a las drogas, un colegio y un politécnico, donde hallarán formación más de 1, 200 niños y jóvenes.
De hecho, una parte del asilo para envejecientes ya está funcionando, con el alojamiento de 10 ancianos, proyectándose la construcción de una estancia que permita socorrer en total a 100 menesterosos.
Por igual, funcionará un hospital donde serán atendidos pacientes con enfermedades terminales, un espacio para alcohólicos, un centro de espiritualidad, incluyendo una casa para celebrar retiros al santuario Nuestra Señora de la Misericordia.
La construcción del santuario se encuentra en una etapa avanzada y el padre Emilio tiene prevista su inauguración el 12 de mayo próximo, con la presencia de las principales autoridades eclesiásticas de la arquidiócesis de Santiago, encabezada por monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio.
El sacerdote, nativo de Bonao, realizó sus estudios en España por espacio de nueve años y ejerció el ministerio en Perú, por 16 años.
Dijo que el proyecto Ciudad de la Divina Misericordia nació tras observar la necesidad de las personas, no sólo la material, sino la física, espiritual y psicológica.
Veo que el hombre necesita algo más y muchas personas tal vez sólo se conforman con dar un pedazo de pan, pero se precisa de la palabra de aliento, de una mayor atención como ser humano, manifestó.
El padre Emilio no concibe que tantos niños y jóvenes sean hallados en las calles consumiendo drogas. Entiende que se debe ayudar no sólo para sacarlos del pozo que significa ese mundo de perdición, sino evitar que caigan en ese lugar, poniendo en práctica una especie de prevención.
Con el interés de que ese objetivo se logre es que la Ciudad de la Divina Misericordia tiene entre sus proyectos inmediato la edificación del colegio y el politécnico para que, desde niños, vayan adquiriendo la formación necesaria que les impida caer en ese bajo mundo.
Aunque funcionará en ese apartado lugar, en sus instalaciones serán alojadas personas necesitadas provenientes de cualquier parte del país las que recogeremos, invitaremos a conocer el sitio y, si deciden quedarse, los aceptaremos sin pago alguno.
A pesar de la importancia social y humana que habrá de tener el área que es promovida por la Asociación Privada de Fieles Católicos Verbum Caritatis cuando esté debidamente funcionando, lo que hasta ahora se ha logrado ha sido fruto de las ayudas económicas que buscado el padre Emilio en diferentes partes del mundo que ha visitado para dictar conferencias en retiros espirituales y donde habla a los asistentes del proyecto en desarrollo.
También en el país algunas instituciones privadas y personas han hecho significativos aportes para la construcción, pero no así el Gobierno, a pesar de que ha solicitado ayuda con ese propósito.
Recuerda el sacerdote que por diferentes vías, inclusive por escrito, ha hecho partícipe al presidente Leonel Fernández del proyecto pero nunca he recibido respuesta, a lo mejor porque hasta él no han llegado las propuestas o porque, sencillamente, el Gobierno no está interesado en contribuir.
No obstante, el padre Emilio mantiene la esperanza de que las autoridades se sensibilicen y lo mismo espera del sector privado ya que esta es una obra de todos y, el joven que hoy luce fuerte, mañana será el anciano que otros podrán atender en esta obra, pero deben ayudar hoy para que entonces encuentren quién los socorra.

