Pienso que no han de existir motivos para que algunos dominicanos o dominicanas que tienen incidencia en la vida política, unos más abiertos que otros, de esos que pertenecen a los litorales pensantes de nuestra sociedad, se muestren apesadumbrados y dispuestos a vender la sensación de que hoy estamos peor que ayer.
De argumentaciones cubiertas de un pesimismo tradicional, fantasioso y, por demás, politiquero ya estamos curados los habitantes de este país.
Lo que sí deseamos la inmensa mayoría es la continuidad de la prudencia, del trabajo tesonero y de la lucha permanente en contra de la pobreza y a favor de la transparencia en la administración pública. Puesto que, naturalmente, a mayor transparencia en el manejo de los recursos del Estado mucho menor siempre será el auge de la pobreza.
Haciéndole honor a la verdad, todas las medidas que hasta el momento ha tomado e implementado el gobierno que encabeza Danilo Medina han resultado muy saludables para la sociedad dominicana.
En donde, por ejemplo, tanto la ética gubernamental como la disciplina fiscal y presupuestaria se han convertido en dos pilares fundamentales para acentuar las políticas públicas destinadas al reforzamiento de la visión positiva que sobre crecimiento y desarrollo posee el ´presidente y comparten sus estrategas.
¿Por qué tanto encono hacia las políticas sociales del actual gobierno? ¿Por qué dudar más que santo Tomás de las palabras y acciones del presidente Danilo Medina? ¿Quién ha dicho que no se pueden dejar atrás a los odios y los rencores de carácter partidarios? ¿Por qué lanzar el grito de que todo seguirá igual, de que las promesas no se convertirán en realidad? ¿Acaso pretendemos negar que todas las sociedades son portadoras de profundos y complejos problemas acumulados por décadas?
Gracias a Dios que ya vivimos en otros tiempos, que pensamos de manera inteligente, con nuevas esperanzas que nos conducen a cambiar nuestra conducta o comportamiento ante la nueva realidad que nos rodea.
Apuesto a que antes de que el presidente finalice su mandato, los dominicanos y las dominicanas seremos observadores primarios del descenso del fenómeno de la pobreza, de la insalubridad, del desempleo; veremos crecer la producción en nuestros campos y las pequeñas y medianas empresas crecerán como nunca antes se ha visto; notaremos la mejoría en el medio ambiente, disminuirán los fastidiosos apagones, nuestros niños y niñas tendrán una mejor educación y, entre otras cosas, el pesimismo dominicano dejará de ser agente de seducción entre nosotros. Que así sea.

