Opinión

Danilo y los funcionarios

Danilo y los funcionarios

Sin la necesidad de hacer un gran esfuerzo, la realidad nos permite observar en el horizonte, el crecimiento de la credibilidad pública que hacia el seno de la población viene construyendo, por así decirlo, el presidente Danilo Medina.

   En efecto, el nuevo jefe del Estado dominicano le viene mostrando a la sociedad un comportamiento acorde con las exigencias propias de su envestidura, eso en adición a los actos administrativos que ha venido presentando e implementando de manera favorable.

      Y acontece que el juego apenas está comenzando. Lo que significa entonces que todo funcionario ha de estar en atención, evitando el pifiar, nada de desorientación y mucho menos de engreimiento.

   Lo correcto es que desde el principio cada funcionario, sin importar que sea de recién nombramiento o viejo en la posición que transitoriamente ocupa, portador de lo conocido como inteligencia emocional, se empodere de las señales inequívocas que está mandando el presidente para así poder impulsar los cambios positivos que demandan todos los estamentos de la población dominicana.

   Un funcionario, ante la vista de los demás, ha de ser una persona humilde, honesta y eficiente. Con la madurez suficiente de rendir un servicio a la ciudadanía eficaz y de calidad; puesto que todos los funcionarios si en lo general se deben al jefe de la administración pública, en lo particular han de rendirle cuentas a la sociedad en términos de moralidad pública y del buen manejo financiero de las instituciones en las cuales  fueron nombrados.

   Dicho sea de paso, nunca, en ningún momento, jamás de los jamases, creerse que por el mero hecho de haber sido nombrado por decreto o por una autoridad competente, para que temporalmente administre los recursos del Estado, posee una patente para humillar y hacer lo que se le antoje.

   Al fin y al cabo, a pesar de la denominación de funcionario, ellos también caen dentro de la categoría de servidores públicos; aunque gocen de algunos privilegios al ocupar  un cargo considerado como de alto nivel.

   La ley nunca ha de ser violentada por ningún funcionario. Si la 41-08, de Función Pública, ampara a los servidores públicos que pertenecen a la carrera administrativa, pues el abc de la lógica simple recomienda y manda que sean respetados todos aquellos empleados que gozan del privilegio de la permanencia en su trabajo; salvo que comentan faltas consideradas graves en el ejercicio de sus funciones. Tengo la esperanza de que todos sabrán iluminar sus despachos con dos obras importantísimas, a saber: la Biblia y la Ley de Función Pública.

El Nacional

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