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Darwin: deuda con la ciencia

Darwin: deuda con la ciencia

Cada 12 de febrero se conmemora el nacimiento de Charles Darwin (1809–1882), el naturalista que transformó para siempre nuestra comprensión de la vida. Más de siglo y medio después de la publicación de El origen de las especies, la teoría de la evolución por selección natural no solo sigue vigente: está respaldada por montañas de evidencias provenientes de la genética, la paleontología, la biología molecular y la observación directa.

Sin embargo, en la República Dominicana, la educación escolar continúa rezagada en un punto crucial: la enseñanza clara, sistemática y sin ambigüedades de las ciencias fácticas.

Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, mientras el mundo avanza en biotecnología y pensamiento crítico, muchas escuelas públicas mantengan clases de religión que presentan como explicación del origen humano el relato de Adán y Eva, sin el debido contraste con el conocimiento científico.

No se trata de prohibir creencias personales, sino de separar fe y ciencia en el aula. La escuela debe formar ciudadanos capaces de comprender el mundo real, no perpetuar mitos como si fueran hechos.

Darwin enfrentó una fuerte oposición de la Iglesia de su tiempo. Sus ideas desafiaron la noción de que el ser humano fue creado de manera especial y separada del resto de la naturaleza. Incluso él mismo fue prudente y reticente durante años, consciente del conflicto que su teoría provocaría.

Aun así, la evidencia fue más fuerte que el dogma: los seres humanos no somos semidioses ni “hijos” diseñados a imagen divina, sino primates evolucionados, emparentados con todas las demás especies por un origen común.

La evolución no fue planeada por nadie; es un proceso natural, ciego, pero extraordinariamente creativo.
Una educación que ignora la evolución limita la capacidad de los jóvenes para comprender temas esenciales como la medicina, la biodiversidad y el cambio climático. Enseñar ciencia no debilita valores: fortalece la razón, la curiosidad y la libertad de pensamiento necesarias para una sociedad verdaderamente democrática y moderna.

Es menester que en todas las escuelas públicas del país los profesores organicen tareas, debates y seminarios que permitan a los estudiantes comprender la teoría de la evolución con rigor y pensamiento crítico.

Celebrar a Darwin no es solo recordar a un científico, sino asumir un compromiso con la educación científica, la honestidad intelectual y el futuro del país. Sin ciencia, no hay desarrollo; sin educación científica, seguimos anclados al pasado.