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De Bosch a Gonzalo

De Bosch  a Gonzalo

Pedro P. Yermenos Forastieri

Pedro P. Yermenos Forastieri

pyermenos@yermenos-sanchez.com

 

Sobre todo en países con las características del nuestro, poco institucionalizados y cuyos habitantes son dependientes del Estado, se suele ser ligero en atribuir la condición de líder. Se denomina con esa contundente palabra cualquier personajillo que, por motivos en ocasiones incluso fortuitas, tuvo acceso a posiciones que otorgan posibilidad de dirigir personas y, más importante, manejar recursos.
En puridad del concepto, lo cierto es que son escasos quienes resultan ser acreedores legítimos de dicha consideración. No es fácil reunir en una sola persona las extraordinarias cualidades requeridas para ser catalogado como tal sin que eso sea gesto obsequioso o genuflexo.
Un auténtico líder debe tener gran formación y/o sapiencia para obtener las mejores asesorías; conocer a fondo no solo la idiosincrasia de su pueblo, sino sus necesidades perentorias; procurar que sus decisiones se traduzcan en beneficio de las mayorías y estimulen la equidad social. Por encima de todo eso, ser alguien absolutamente íntegro, provisto de autoridad moral y con plena coherencia entre sus predicamentos teóricos y su práctica pública y privada.
El mundo asiste a una crisis de liderazgos y esta nación no es la excepción. En el caso específico del PLD, su dramático descalabro ocurrido entre los objetivos que determinaron su fundación y en lo que ha derivado, está directamente vinculado a la depreciación cualitativa de los dirigentes que mayor incidencia han tenido en su devenir posterior a Juan Bosch.
Al margen de coincidencias o discrepancias, considero que solo una mentalidad fanatizada podría escamotearle a Bosch su caudal real de liderazgo. Lo que ha sucedido en el PLD después de su salida como dirigente principal de la organización no precisa, por obvio, explicación, y eso no puede desvincularse de su dirección mayor.
Algo ha quedado evidenciado, los dos presidentes que ha producido el PLD no han sido capaces de hacer trascender su autoridad más allá de su condición de suscriptores de decretos y administradores de un presupuesto nacional manejado con excesiva libertad y precaria fiscalización. Por eso, despojados de tales prerrogativas, se produce una disminución significativa de su influencia política. No son líderes verdaderos.
Lejos de ofrecer motivos para soñar un porvenir diferente, se elige a Gonzalo Castillo como propuesta presidencial para julio. Quisiera conocer uno, solo uno de los méritos de esta opción para merecer llevar la antorcha de una entidad erigida con tanta ilusión y tan urgida de ser restablecida en lo que fueron sus orígenes.

El Nacional

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