¿Qué hacer en vacaciones?
En estas festividades navideñas, en que acudimos al final de un año y al inicio de otro, disponemos de muchos días en los que no tenemos que ir al trabajo o a la escuela.
Yo no voy a considerar si la gente sabe o no lo que se celebra en esta parte del mundo, el nacimiento de un niño que luego, según las Sagradas Escrituras, convertido en hombre (Jesús), con su prédica y ejemplo revolucionó las creencias de gran parte de la humanidad.
Con la disminución de la temperatura la gente se levanta más tarde e ingiere más alimentos, y despreciar un trago se hace casi imposible.
Se produce, aunque con menos intensidad, una emigración de la capital al interior; de los pueblos a los campos y, del exterior hacia nuestro país.
Un buen grupo de nacionales se marcha a vacacionar con sus hijos a Orlando, en donde existen atracciones infantiles que los adultos disfrutan tanto como los menores.
A veces los padres intentan que los hijos «pongan al día sus tareas escolares». Tremendo error, el concepto de vacaciones hay que inculcarlo desde la edad temprana.
Mucha gente no sabe aprovechar estos días para reencontrarse con la ciudad. Debo decirle que la cantidad de gente que no conoce la estructura de la zona colonial en la capital, es parecida a las que viviendo en el Cibao no saben el significado del Monumento a la Restauración en Santiago.
El turismo interno es una opción económica y que nos puede hacer crecer culturalmente. ¿Conoce Los Haitises?
Con frecuencia formulamos una lista de propósitos para el próximo año. Metas como conseguir una pareja; bajar de peso; obtener un empleo o iniciar un plan de ahorros, a veces se quedan en el tintero.
Estas vacaciones no son buenas para grandes restricciones, por ejemplo he visto muchos pacientes fracasar cuando en estos días se proponen tres objetivos al mismo tiempo: dejar de fumar; bajar de peso y «suspender los tragos».
He dicho que los pacientes psiquiátricos, hipertensos, y diabéticos, entre otros, hay que cuidarlos en esta época.
La reunificación familiar en la mesa de la cena del 24 (Nochebuena) o en el momento de esperar el nuevo año, es decir las 12:00 de la noche del 31 de diciembre, no siempre es armoniosa y feliz.
¿Por qué?
Algunos de nuestros seres queridos han muerto y nos invitan a la nostalgia; otros están ausentes y, por otro lado, existen núcleos familiares «que no se pueden juntar» porque son enemigos.
Calcular lo que cuesta cada evento (la cena de navidad para 5 personas, sale por miles de pesos); ponerse de acuerdo con los Reyes y determinar los regalos de los médicos de la familia, a veces nos toma en déficit.
Lo que está claro es que el mundo no se va a acabar en estas fechas y como los destapes y el exceso caracterizan a un sector, sobre todo el juvenil, hay que insistir en que la moderación y la reflexión deben ser guías en estos momentos.
Para un sector con intereses de cultivarse es una época ideal para leer un buen libro; escuchar a Mozart; regalarse un buen vino y disfrutarlo en familia con un quesito exclusivo y, en fin, dar gracias por el privilegio de estar vivo, suelto y en la capital, como diría un amigo mío.

