Hermanos: Celos y Rivalidades
Cuando nace el primer hijo: llegó el rey de la casa. Esta situación suele quebrarse muchas veces con el nacimiento del segundo.
El síndrome del príncipe destronado se produce cuando el primero de la prole percibe al recién llegado como a un intruso.
El hermano (a) siente que le han robado la principalía en la atención de sus padres. En este caso se reactivan conductas ya superadas (regresión), por ejemplo, vuelven a chuparse el dedo, reaparece la enuresis (orinarse en la cama); manchar la ropa interior con materias fecales etc.
Ante el hecho se tornan hostiles, agraden, pellizcan, golpean y en fin, maltratan al nuevo hermanito (a).
Cuando llegamos al tercer hijo, muchas novatadas se convierten en experiencias y a veces lamentamos lo fuerte que fuimos en la crianza de nuestro primer retoño.
A medida que van creciendo aparecen los celos y las rivalidades entre nuestros hijos: A este le apoyan todo es una expresión de protesta que suele escucharse en el hogar como queriendo decir que en la forma de imponer la autoridad unos aguantan fuetazos y otros reciben consejos.
La fuente de los celos entre hermanos puede estar relacionada con las inoportunas expresiones de sus tutores: fulano es más bruto que perencejo.
Los defectos físicos, las diferencias en estatura; características en la presencia como pelo bueno blanco contribuyen a establecer comparaciones. Es el caso de una expresión que por boca de una abuela puede ser devastadora: ese jabao es malísimo. Muchas veces la intención es a piropear.
A mayor número de hijos, diferencias de edad, sexo, desarrollo intelectual etc. mayor será la dificultad para los adultos instaurar un régimen de justicia e igualdad. Es el caso de la concesión de permisos y las premiaciones por desempeño escolar, así como la administración de penalidades o castigos.
Es muy difícil, aceptar, pero sucede, que con frecuencia tenemos preferencias por uno que otro hijo.
Las rivalidades dentro del hogar se expresan de forma diversa. Se pelean por el uso del computador, de la tele, del radio, de la ropa, del vehículo de la casa, y en fin, de todas las propiedades comunes. Observamos a veces que los hermanos se pelean por la comida: mami, ¿quién me pellizcó mi biscocho?.
Padres: trabajemos el tema a tiempo, pues de lo contrario tendremos el triste espectáculo de hermanos que de adultos ni se tragan, ni se hablan, mucho menos se juntan.

