Opinión

DE SALUD Y OTRAS COSAS

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Tan bonita parejita que hacían y quién lo iba a pensar… se divorciaron

Las relaciones interpersonales se desgastan y son múltiples los factores que entran en juego. Veamos:

La incapacidad de dialogar es el eje de muchos desacuerdos.

El se acuesta  con un libro, ella se está poniendo la crema de la cara en el baño y le dice algo, y el aparta el libro y fríamente le dice: “María hace rato que te escucho hablar y no sé lo que me dices”. Se le notaba una  mezcla de hastío e indiferencia ante lo que ella, su pareja de los pasados cinco años, le quería expresar.

La gente no le da importancia durante la fase de encantamiento, pero las diferencias de procedencia familiar, en lo cultural, lo educativo y lo ideológico, llega un momento que explota y la pareja queda atrapada en medio del chismoteo y la lucha de poder de padres,  hermanos y el resto de la familia: “Siempre supe que esa mujercita no le convenía a mi hijo”, expresó Mama Chea, con un dejo de posesión y satisfacción ante el divorcio reciente de su hijo predilecto.

Cuando ambos miembros de la pareja trabajan y se ven poco, la relación se pone en “piloto automático” y a veces, cada cual va creando hobbies por separado y grupos de amigos distintos y no se dan cuenta que en el fondo se van alejando y no se percatan que la relación se va distanciando. Muchas veces aparece una tercera persona que interfiere en los sentimientos de uno o de ambos.

El discutir por cualquier trivialidad, que aquí se le llama pendejadita, se hace un hábito cíclico y con las mismas conclusiones: “Sigue pensando así, que vas muy bien”, exclama en tono agresivo el miembro de la pareja que se siente hastiado por los mismos argumentos que se proponen ante viejas contradicciones sin resolver.

La negación o ceguera no es más que una actitud cerrada de uno o de los dos miembros de la pareja que no admite que hay problemas; prefieren posponerlo, no buscan orientación y el día menos pensado, y con dos tragos en la cabeza, Pedro confiesa a su mejor amigo: “Compadre, me fui de la casa, ya  no aguanto ese infierno”.

Muchas veces un miembro de la pareja se carga excesivamente de tareas o trabajos para “ni siquiera pensar” en el drama que vive en su relación. En otras oportunidades se intentan mediaciones en manos de consejeros no profesionales que terminan agravando la situación.

Los artículos cursis terminan diciendo busque ayuda profesional.  No vamos a plantear críticamente que cuando el amor se ha agotado en una o en las dos partes, queda poco que hacer.

Intente retomar el diálogo; haga un esfuerzo por ceder y entender al otro; valore los pros y contras de un rompimiento; escuche a gente de experiencia; tómese un receso… pero al final, ¡el corazón no miente!

El Nacional

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