Opinión

DE SALUD Y OTRAS COSAS

DE SALUD Y OTRAS COSAS

Al Doctor Cruz Jiminián, el de Cristo Rey

Se ha dicho que en el amor, en la política y en la actitud de nuestros hijos, la gratitud es un valor en desuso.

Benito Peral es un psiquiatra amigo que ejerce en Madrid, España y ha tratado el tema en profundidad cuando afirma: “Gratitud es recibir con alegría y compartir ese estado con el otro. Es saber dar las gracias. Ser agradecido supone haber superado el egocentrismo, ese creer que lo merezco todo. La gratitud no es posible sin humildad, el egoísta y el soberbio son desagradecidos porque no les gusta reconocer lo que reciben del otro y la gratitud entraña ese reconocimiento”.

Los agujeros negros de que hablan los astrónomos absorben la luz, la drenan, pero no devuelven nada, así son los ingratos, ni siquiera capaces de reconocer y respetar la mano que les ha dado.

Saber dar sin pasar facturas y sin buscar cámaras y publicidad es una virtud, de ahí que la gratitud va unida a la generosidad.

Quien sabe darse con generosidad  también sabe ser reverente y practicar la gratitud.

Ten en cuenta amigo lector que lo que das con la mano derecha que no lo sepa la izquierda.

Da, pero no humilles, trata de que el otro no se sienta empequeñecido o avergonzado.

En este mundo donde todo se compra y se vende, con frecuencia hemos gastado millones de pesos en llevar a un hijo hasta la Universidad y nos dice: “Papi, tú has hecho sólo lo que era tu deber”.

No saben ustedes la cantidad de hijos malagradecidos que vemos en consulta y el monto de padres abnegados que todo lo que hicieron fue por amor a sus descendientes.

Se ha pregonado: “Dichoso aquel que pueda dar sin recordar y recibir sin olvidar”.

La emblemática cantautora Mercedes Sosa repetía: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”.

Cierto que estamos viviendo en un mundo insolidario que fomenta el individualismo, donde nos preocupa más lo mío que lo nuestro, pero a pesar de ello se levantan voces y actitudes en todos los órdenes de gente e instituciones generosas.

Cada vez que en  mi país, República Dominicana, se produce un cambio en la administración del Estado, medio millón de seres humanos  empleados y dos millones que dependen de ellos se ponen en tensión esperando un beneficio, aguardando que la generosidad  se convierta en agradecimiento, que el esfuerzo y la lealtad sean premiados y que el líder cumpla con su palabra, pero eso no ocurre en la mayoría de los casos.

La política se parece al amor, son pasajeros, se nutren de la ilusión y la pasión y son vecinos muy cercanos (tarde o temprano), de la frustración, la decepción y el desengaño.

Si usted quiere practicar la generosidad de forma clandestina ubique la lista de libros y útiles escolares de un niño pobre, vaya a la avenida Duarte, llene una mochila, gaste unos miles de pesos que a usted le sobran y envíele con su mensajero ese regalo anónimo a Juancito que cursa el 6to grado de la escuela pública de Gualey.

Si estas palabras te han llegado al corazón busca a tus padres, vivos o  muertos, y agradéceles la vida; ubica a tus viejos profesores y conductores en tu carrera y hazle saber lo agradecido que le estarás siempre de sus enseñanzas.

Este es un país de tías, abuelos, padrinos, cuñados y amigos de infancia que “se quitan generosamente las cosas de la boca para dárselas a los otros”, por eso me siento orgulloso de ser dominicano.

El Nacional

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