El tiempo de calidad en la crianza de nuestros hijos es clave para diseñar ciudadanos ejemplares.
No hay que ser rico ni pobre para decirle a un chico, Julin no me hables con la boca llena.
La costumbre de comer todos al mismo tiempo y en la misma mesa se ha ido perdiendo. En algunos países de Europa es tradición.
En nuestro medio, el desayuno es un corredero; para almorzar los que estudian y trabajan fuera no llegan a tiempo y la famosa cena parece que es un abrir y cerrar el refrigerador y ponerse a ver la tele.
A riesgo de escribir para los que tienen las tres calientes, que son minoría, trataré de ser lo más universal posible.
Invocar y dar las gracias por los alimentos y bendecir las manos que lo confeccionaron, elevando al Altísimo la súplica de que los que no tienen pan lo adquieran, es una significativa costumbre en la que los niños pueden entronizar una visión solidaria hacia los humanos que no tienen comida en ese momento y valorar el premio de comer en armonía familiar.
Una niñita de nueva años al ser preguntada de lo que apreciaba de comer en casa contestó: Poder contarles cosas a mis padres
El lavarse las manos con jabón y abundante agua antes de comer es una costumbre saludable máxime en presencia de epidemias.
El dar las pautas para poner y quitar la mesa como ritual organizativo abona mucho a las buenas costumbres.
El uso de los cubiertos (cuchara, cuchillo y tenedor); la postura erguida ante la silla; la forma de colocar la servilleta etc. ofrece al ritual gastronómico un nivel sagrado.
El no hacer ruidos mientras se deglute, el masticar con elegancia, evitar los eructos, el pedir permiso para servirse, inclinan al educando a compartir y respetar los espacios y derechos de los otros comensales.
Cuando se trata de degustar un pollo en familias de escasos recursos, el muslo y la pechuga del animal sacrificado se sirven a los mayores como símbolo de poder y de respeto.
Antes eran tan solidarias las familias que los niños teníamos por costumbre comernos la carne primero por si llegaba una visita. Sin ofender al agudo lector, ocurría que tomaban la carne de los menores para adornarle un plato de comida al inesperado visitante.
Toser, tomar agua y pedir permiso para retirarse de la reunión, debe incentivarse con elegancia, asimismo la forma de usar y reposar el cuchillo sobe el plato luego de partir la carne.
Morrobel, un personaje ideado y actuado por mi amigo Freddy Beras Goico era el espejo de la forma inadecuada de conducirse en una mesa y con ello consiguió, de forma paradojal, promover las buenas costumbres.
Lejos el tiempo en que nuestras escuelas primarias enseñaban economía doméstica, moral y cívica, normas de urbanidad, etc.
Los psicólogos sociales recomiendan que los conflictos familiares no deban llevarse al seno de la mesa donde se come, pues tensión y digestión no andan juntos.
Sabemos que no siempre estaremos todos, pero es deseable que cada vez que se pueda, por ejemplo, los fines de semana, papá, mamá y los hijos deben compartir la mesa y esa media hora convertirla en un espacio de armonía, socialización e incentivo de la urbanidad, la comunicación sana y las buenas costumbres.

