Opinión

DE SALUD Y OTRAS COSAS

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Política: de la ilusión a la pasión

Sentirse parte de un grupo es una de las tendencias más primitivas del ser humano.

La familia, un equipo de pelota; ser pieza de una peña, de una religión, constituyen parte de nuestra biografía.

Una agrupación política te da cabida y protección,  a veces notoriedad y lo cierto es que la adhesión a un líder y a un partido, a través de una organización, ha cambiado de estilos y fundamentos.

“Dulce y decoroso es morir por la patria». “Llegaron llenos de patriotismo enamorados de un puro ideal”, fueron consignas que en el pasado la  juventud levantó en un país que venia de padecer 31 años de dictadura.

Don Juan Bosch predicó con el ejemplo la importancia de servir al país desde la política, pero sus discípulos en la actualidad han tomado otro rumbo.

Balaguer hizo en el llamado “Gobierno de los 12 años” un ejercicio autoritario que dejó marcas indelebles. Este déspota ilustrado legitimó la corrupción y calificó como “un pedazo de papel” a la Carta Magna.

Las guerrillas y su aniquilación; la intervención norteamericana y la consolidación de sectores medios aupados por los partidos, fueron convenciendo progresivamente en la idea del costo-beneficio, de que la politocracia como actividad facilitaba la movilidad social, que es lo  mismo que decir, invertir en ella para mejorar las condiciones materiales de existencia individual y agarrados de los resortes del poder “hacer buenos negocios”.

Progresivamente el discurso y la práctica se han hecho más pragmáticos.

A un presidente lo tumban; otro se suicida, estotro “cae preso” de forma desconsiderada, y sigue la historia de traumas y desilusiones.

El príncipe llega de manos del rey y pretende eternizarse.

Pero… la política es un laborantismo para alcanzar el poder y desde ahí provocar cambios que hagan la estructura social más justa para todos y encarrilar la sociedad por el sendero del progreso.

El panorama económico y  moral del país es tan degradante que los discursos que tratan de crear la ilusión de cambio y de mejoría, se van haciendo huecos y no creíbles.

La ilusión se ha transformado en pasión, y “haciendo política” ocurren los desenfrenos, las incredulidades, las complicidades y, sobre todo, las ingratitudes; las traiciones a mansalva y más aun, la simulación.

¿Para qué meterse en política?

¿Qué se puede hacer en un país tan engañado y traumatizado por los episodios de los últimos años?

Pero… la política es intercambio de favores, donación de lealtades, en donde la ilusión y la pasión hacen del activísimo casi un deporte nacional.

“Hay que darme lo mío”; “Ahí no hay vida”, expresan con pasión muchos pobres que se adhieren de forma indigna a todas las “ayudas” que se motorizan en planes y tarjetas.

Las adhesiones y las lealtades se venden y se compran. Son coyunturales y la gente se cambia de gorra en cada caravana, en medio de la pasión y la ilusión.

¿A dónde hemos llegado y hacia dónde vamos? ¿Pero es posible que las dos consignas principales para la gestión del voto sean que llegó fulano y que perencejo es el adecuado para ganar?

Es posible que este haciendo un mea culpa como actor entusiasta y con alguna esperanza en la política actual.

Quizás en medio de la angustia, la impotencia y la degradación de la actividad política, de la cual no debemos “tirarnos todos del barco” y dejar la nave a la deriva, podamos aún ver pequeños destellos y luces al final del túnel.

El Nacional

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