Cuando se tiene más de un hijo nos exponemos a que en diferentes fases de su crecimiento y desarrollo discutan o rivalicen por diferentes causas.
Dunker y Col ( 2009) ha denominado este problema como el Complejo de Caín y Abel, explicando que muchas veces este fenómeno se debe a la preferencia de los padres por uno de los hijos, lo cual genera celos entre hermanos.
Estas contradicciones a veces se presentan de forma soterrada, pero en la mayoría de los casos llegan a la violencia física.
Compartir la misma habitación entre chicos de diferentes edades genera conflictos territoriales y de propiedad.
El intercambio de ropas y el uso de enseres del hogar sin reglas claras conlleva a dificultades.
Las relaciones de los muchachos con sus amigos; la privacidad; el uso del vehículo (cuando es el caso) y otras propiedades y facilidades familiares suelen ser motivos de rencillas.
No la presionen que ella es enfermiza; Dejen a ese muchacho tranquilo que ustedes saben que el es medio atronao; Pedro es así desde pequeño y con él no se puede, son algunas frases de impotencia y complicidad que abuelos y padres emplean para complicar más las relaciones de poder dentro del hogar.
Muchas de estas crisis se remontan a la primera infancia cuando no se impusieron límites y castigos a tiempo; y se fue creando un monstruo por no impartir justicia e igualdad entre hermanos y por ciertos sentimientos culposos mal manejados, por lo que padres y tutores se van distanciando de manera permisiva de la brega diaria de criar con el ejemplo, con amor, pero con mucha firmeza.
¿Qué hacer?
Déjelos discutir para que se entrenen en la confrontación y el diálogo, pero no se parcialice, sea árbitro y moderador. Trate de que se llegue a un acuerdo sin violencia verbal ni física.
Juan, no te vuelvas a poner el jean de José.
A veces hay que firmar un pacto de respeto mutuo y no agresión.
Hay que dedicarles tiempo a los muchachos.
Provoque salidas individuales y estimúlelos a contarle sus problemas y participe en la solución.
En la adolescencia esto de involucrarse es sumamente importante.
Trate de que ambos padres siempre tengan iguales conceptos, restricciones, límites, castigos y premiaciones para los hijos.
En nuestro medio la madre apoyadora y encubridora de faltas, se asocia a un padre ogro, peleón y castigador de ahí nacen serias anarquías y delitos en los comportamientos de los hijos.
Es habitual que muchachos en el mismo hogar se peleen, pero a su vez eso es una oportunidad para educar y orientar.

