Cuando la gente dice estoy vivo, suelto y en la capital, hace alusión a tres condiciones que se perciben como positivas: la vida, la libertad y residir en la gran urbe, es decir, vivir en la ciudad de Santo Domingo.
Cuando las noticias nos informan de que al ser atracado y resistirse, un padre de familia fue asesinado dejando en la orfandad a seis hijos, me pregunto, ¿cuántas barreras pasó este hombre para que el día menos pensado entregara su vida a unos delincuentes, a pesar de estar vivo, suelto y en la capital?
Veamos.
¿Cuántos obstáculos hay que sobrepasar para morir pendejamente?
Nadie por sí mismo decide pasar nueve meses en el vientre de la que luego será su madre.
La mayoría de los embarazos son hechos accidentales y no deseados.
Ya la calidad de dos células que se unen (espermatozoide y óvulo) y el arrastre genético de abuelos y bisabuelos, según la moderna ingeniería genética, marca las señales tempranas de la enfermedad y la muerte.
Decenas de madres mueren al año por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto.
Pero bueno, ya usted pasó la primera barrera y nadie dice: Tengo tantos años de edad más nueve meses.
La mortalidad infantil (los que perecen antes de cumplir el primer año), es alta.
Falta de vacunas, desnutrición, un quebranto pulmonar o una diarrea se lleva un buen porcentaje de nuestra población antes de que aprendan a leer.
Luego el trance de la adolescencia nos resta una gran cantidad de muchachos en accidentes, muertes violentas, suicidios y complicaciones por el uso y abuso de sustancias, por solo citar algunos valladares a vencer, antes de que lleguen a la adultez.
Tratando de sobrevivir: graduarse de algo, conseguir un trabajo, hacer pareja y tener hijos, nos hace seguir en este tren o carrusel de la vida.
Los ideales, los ahorros, la acumulación de cosas (la casa, el carro y todos los etcéteras), nos hacen ver los años, no siempre con los mejores resultados.
Los geriatras aseguran que el envejecimiento se inicia a los 21 años, pero hablan de que a partir de los 60 comienza la tercera edad.
En un medio como el nuestro, llegar a los 70 es como para darle a uno un trofeo.
Los achaques (enfermedades), las presiones económicas, el matrimonio y sus dificultades y los tormentos que vienen por consecuencia de los hijos, van produciendo un desgaste y entonces vienen los temores, entre ellos el de la muerte.
El común de los humanos no quiere envejecer ni que le hablen de morirse y mucho menos perder el juicio o volverse loco.
Cuando un galeno te dice lo suyo es un cáncer y, a veces, te ofrecen plazos para morir, la primera reacción es la negación: ¿Por qué a mí; no será que se está equivocando?
Y uno se pregunta: ¿Cómo sobrevivir a esta carrera de obstáculos para morir el día menos pensado a mano de un sujeto que ni sabe quien soy, ni de mis esfuerzos, ni de mis sacrificios para portar el Cartier que me arrebató ese criminal, y de repente no me dio tiempo para organizar mis papeles y viajar en segundos hacia la muerte?
El recorrido por la vida es un reto diario.
No quiero que al leer estas líneas piensen en la muerte.
Pero sí he querido ligar dos cosas: lo difícil que es sobrevivir en cada etapa y lo inaudito que es morir a mano de un desaprensivo dado esta escalada de violencia e inseguridad ciudadana.
Los artículos de autoayuda deben terminar por la puerta grande, pero me es difícil concluir esta comunicación sin dejar en tus manos la responsabilidad y el orgullo de estar vivos en este momento. ¡¡Enhorabuena, usted es un sobreviviente!!

