La existencia es cambio y movimiento constantes.
Las cosas que ocurren y nos involucran, tanto positivas como negativas, pueden devenir en la generación de estrés.
Por ejemplo, la inminencia del matrimonio; el anuncio de un embarazo y la finalización de una relación sentimental, las dos primeras parecerían ser fuente de felicidad y la tercera de angustia, pero puede ser lo contrario.
Mark Miller (1972) y sus colaboradores proponen una escala o tabla de reajuste social ante sucesos de la vida y les dan una puntuación a los eventos vitales en función de la intensidad o impacto que pueden producir en nosotros. Veamos:
Muerte de un cónyuge o de un hijo 119 puntos
Divorcio 98
Despido del trabajo79
Condena y prisión 75
Problemas con un préstamo bancario 61
Jubilación ………. 54
Así se van tomando en cuenta con sus puntuaciones otras circunstancias que pueden afectarnos, como: problemas con tu jefe en el trabajo; cambio de residencia; iniciar o concluir una carrera universitaria; tu hijo decide abandonar el hogar; problemas de orden sexual o diagnósticos que tienen que ver con tu salud; etc.
Los teóricos que hacen estas mediciones dicen que cuando un sujeto acumula más de 300 puntos en varias problemáticas sumadas, existen posibilidades de que tenga un accidente o un padecimiento de salud.
Una de las limitaciones de estos análisis es que las cosas nos afectan a todos por igual y, por otro lado, estas evaluaciones se refieren de preferencia, a la vida adulta.
Una buena consulta inicial con un profesional de la salud mental debe hurgar profundamente en la biografía del entrevistado; chequear con fino tacto y olfato profesional el inventario de problemas que él o ella cree que le están afectando; medir, en lo posible, el impacto en función de la personalidad del examinado e iniciar, en la primera consulta, una estrategia adecuada de comprensión y afrontamiento de los males que afectan a nuestro paciente.
Acontecimientos como el recibir la noticia de que tenemos un cáncer; la infidelidad de nuestra pareja o que algo grave está pasando con uno de nuestros hijos, verbigracia: que su hija está en consumo de drogas, suelen ser noticias devastadoras para los adultos.
Hagamos de la intervención psicológica un verdadero ejercicio profesional. Midamos, evaluemos, comparemos e involucremos toda nuestra experiencia en orientar y ayudar al que sufre.

