En cualquier calle, avenida o debajo de algún puente del Gran Santo Domingo no es extraño ver indigentes que olvidados por sus familias e ignorados por un Estado que tiene otras prioridades en su agenda de nación, vagan, viven y mueren entre cartones y ropa maloliente por el descuido. Pero también se pueden ver hidrantes, que son una especie en extinción, en un país que crece cada día más.

