Por las armas y equipos que portaban y los vehículos en que se desplazaban, es de suponer que los 12 individuos, encabezados por un mayor de la Fuerza Aérea, que asaltaron el jueves un almacén de la empresa Parmalat, en Villa Duarte, formaban parte de un comando militar integrado para cometer crímenes de todo tipo.
Es por eso que se otorga crédito a la versión de que un sargento de la Fuerza Aérea y otro de la Policía son interrogados con relación a ese atraco y que las autoridades persiguen a dos capitanes que formarían parte de esa estructura criminal que, según las autoridades, dirigía el mayor de la FAD, Jorge Luis Vargas Cuello, dado ya de baja.
Las investigaciones en relación al consternante suceso han de tomar, distancia guardada, un giro similar al también escandaloso caso de la matanza de Paya, relacionado con la muerte de siete personas a manos de un comando integrado en su mayoría por oficiales de la Marina de Guerra.
Han de ser muy elevados los niveles de angustia de la ciudadanía al saberse que otro comando cívico-militar, esta vez con personal de la Fuerza Aérea y la Policía, operaba en términos y proporciones que se atribuye al grupo que asaltó el almacén de Parmalat.
De hecho, las autoridades investigan la posible conexión de ese grupo o de algunos de sus integrantes, con otras acciones criminales, como el secuestro de una pareja y el asesinato de dos personas, cuyos cuerpos fueron mutilados e introducidos en un recipiente lleno de cemento, en San Francisco de Macorís.
No se debe olvidar que los 12 integrantes del comando que asaltó el almacén y que cargó con cerca de cuatro millones de pesos, portaban fusiles M-16, metralletas Uzi y pistolas automáticas, chalecos antibalas, equipos de comunicaciones y se desplazaban en yipeta, camioneta y motocicleta de última generación.
El atraco de Villa Duarte se une al de la matanza de Paya, como sucesos que ponen los pelos de punta, porque ambos han sido diseñados y perpetrado por comandos integrados por oficiales militares activos. Algo hay que hacer antes de que los ciudadanos opten por guarecerse debajo de la cama.

