El Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) informó que anunciará el jueves los nombres de los jueces que serían designados o ratificados en la Suprema Corte de Justicia (SCJ), decisión que la sociedad dominicana aguarda con expectación y con temor de que se le arroje un balde de frustración o desencanto.
Por ante ese Consejo, encabezado por el presidente Danilo Medina, desfilaron decenas de jueces que concluyen su periodo constitucional en la SCJ, magistrados de carreras y abogados en ejercicio que procuran ser ratificados, ascendidos o nombrados en el más alto tribunal de la nación.
Es posible que se requiera de la linterna de Diógenes para seleccionar a jueces probos, independientes, capacitados, eficientes y con acendrada vocación de servicio, una tarea que puede completarse en base a descartar a los togados que no cumplan con esas prerrogativas.
Resulta difícil identificar a un aspirante a juez que pueda exhibir incólume su toga de independencia frente a intereses de naturaleza política, corporativa o gremial, pero si los comisionados del CNM profundizan en sus averiguaciones es posible que hasta sobren los postulantes con ese perfil.
Sería un gravísimo error si desde el litoral oficial, basado en la mayoría absoluta que detenta en el CNM, aplica una especie de aplanadora para escoger jueces a imagen y semejanza, porque la sociedad no perdonaría que se desaproveche la oportunidad de integrar una Suprema Corte prístina e independiente.
Son imprescindibles cualidades requeridas a un juez altamente competente y experimentado, sin mácula ética o moral; pero también debería precisarse si se trata de un magistrado liberal o conservador, porque del equilibrio de pensamiento dependerá la calidad y curso de la jurisprudencia que emane de la SCJ.
Los 12 jueces que escogerá el CNM, incluido al presidente de la SCJ, puede representar el fortalecimiento del Poder Judicial, del Estado de Derecho, de la seguridad jurídica y de la gobernanza, pero una mala elección impactaría negativamente en la democracia e institucionalidad política.
La sociedad toda mantiene los dedos cruzados a la espera de que salga humo blanco por la chimenea del Consejo Nacional de la Magistratura, en el entendido de que sus integrantes están conscientes de su histórica misión que los colocaría en el pedestal de la estima pública o en el cadalso de la historia.

