A sabiendas de que Leonel Fernández es discípulo de Joaquín Balaguer, el poder estadounidense lo obliga a pasar del servilismo a la obediencia con los mismos recursos que hace 20 años utilizó para lograr en el maestro un efecto análogo.
Entre los años 1986 y 1996, los últimos 10 años de gobierno de Balaguer, colaboradores civiles y militares del caudillo fueron señalados como entes ligados al narcotráfico y al lavado de dinero. Sobre eso, las agencias estadounidenses servían informaciones marcadas por la reticencia y sólo el rumor público mencionaba nombres.
Balaguer asumió el neoliberalismo aplicando las orientaciones del Fondo Monetario Internacional, y colaboró de manera descarada con la aplicación de la política imperialista a nivel de la isla. Ahí está la historia del golpe de Estado en 1991 contra el Aristide de la Petite Eglise, y también la facilidad para el paso hacia Haití de los recursos con que Estados Unidos financiaba a los golpistas.
Hoy, cuando altos oficiales activos o recientemente retirados son señalados como piezas del delito, Leonel Fernández se reúne con la secretaria de Estado Hillary Clinton en Guatemala (ella lo mandó a buscar), y allí mismo se pronuncia, en calidad de vocero de esa causa, solicitando el reconocimiento de todos los Estados para el gobierno surgido en Honduras tras la mascarada electoral que organizaron los golpistas.
Él, que se pronunció contra el golpe consumado en junio, asumió la posición estadounidense, y se hizo vocero de ella. Obligado, sometido, chantajeado, tuvo que prosternarse, quitarle el maquillaje a su servilismo, y obedecer a las claras.
Sólo los privilegiados en la gestión presidencial preguntan por qué las personas más sensatas descalifican a Leonel Fernández como mediador entre Colombia y Venezuela. ¡Tienen que reunir como puedan el descaro suficiente para preguntar!
Y sólo ellos están obligados a ignorar que Hillary Clinton vino a América Latina a recoger los beneficios que ha dejado al poder estadounidense el golpe en Honduras. Presidentes como Leonel Fernández y Álvaro Colom, han visto lo que le sucedió a Manuel Zelaya por asumir posiciones de relativa independencia. Y el salvadoreño Mauricio Funes da muestras de que asimila la lección.
La señora Clinton orientó tareas y realizó encargos. Con el objetivo de que los serviles pasen a la descarada obediencia, se dio el golpe mediante el cual fue depuesto en Honduras un oligarca, no un comunista. Ayer era evidente, hoy es inocultable.
Fernández acepta resignado las tareas. Está arrodillado… Y sus bien pagados asesores de imagen no pueden evitar que se le vea inclinada la frente.

