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Desapariciones

Desapariciones

Carlos Manuel Estrella

Cada vez son más frecuentes y extrañas las desapariciones de personas, con carácter de escándalos mediáticos, cuando se trata de menores de edad y, peor aún, niños, sin que las autoridades logren esclarecer estos hechos cubiertos por un manto de misterio y especulaciones, potenciadas por las redes sociales.

Hará casi un año sin noticias del menor tres añero Roldany Calderón, visto por última vez en el patio de la casa de una tía en la sección Los Tablones, de Manabao, Jarabacoa, el 31 de marzo de 2025, pese a desplegarse una búsqueda con sofisticados medios y designarse una comisión para establecer su suerte.
Casi al cerrar 2025 ocurre otro hecho de características similares.

La niña Brianna Genao Rodríguez, de igual edad que Roldany, es dada por desaparecida de la vivienda de su abuela materna en la comunidad de Barrero, en el municipio puertoplateño de Imbert, y pese al tiempo transcurrido, aún no es encontrada.

Cada suceso de este tipo supone una teoría fáctica para su comprensión y búsqueda de respuesta oficial. Las autoridades desarrollan líneas de acción y en el caso de Brianna, en el entorno familiar, en interés de “resolver” el caso, pero hay que convencer a la sociedad y establecer con pruebas la verdad del hecho.

Podrían sumarse otras desapariciones menos mediáticas, de menores hallados como cadáveres y por igual de adultos con enfermedades mentales encontrados vivos, y otras forzadas y escandalosas por protagonistas políticos esfumados en el tiempo, como Henry Segarra Santos y Narcisazo González.

Las desapariciones de niños, los dos últimos casos, disparan las alarmas, obligan a una reflexión de la responsabilidad familiar en la custodia de menores y también imponen a las autoridades un reto para su esclarecimiento fuera de toda duda, para llevar tranquilidad social y, al menos, descartar que sean tipos penales importados contra inocentes víctimas, al margen de otras cuestiones.