Tenía que ser la doctora Reina Rosario, directora del Instituto de Historia de la UASD, quien con el auspicio del Archivo General de la Nacion, publicara su investigación, de una década, sobre la dirigente campesina Aniana Vargas.
Aniana, fue declarada Hija Meritoria de Bonao, Madre Protectora de la Ecología y Centinela de las Aguas. Es una de las mujeres mas importantes de nuestro siglo XX y participante de primera línea de “cuatro momentos trascendentales de nuestras luchas: Contra la tiranía de Trujillo; la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo; la militancia en el 1J4 y resistencia anti-Balaguerista; y la lucha contra los daños ecológicos de la Falconbridge en Bonao y Cotui.
Y, digo que tenía que ser Reina, no solo porque es bonaense y militante; sino porque ha dedicado su magisterio a rescatar “el papel activo y decisivo de las mujeres en la lucha contra el desalojo que se les quería aplicar a las familias campesinas de la loma y también contra la mina de El Higo, en Blanco. Se trata de un papel que suele omitirse en la mayoría de los libros de Historia y que es necesario recuperar y difundir”.
Aunque la propia Aniana declaraba: “No tengo nivel intelectual ni tampoco la experiencia para expresar por escrito mis ideas y convicciones”, Aniana logró escribir 204 artículos para El Nacional, porque “detrás de mi están los campesinos de la Federación , en su justa y porfiada causa”, Esteban Polanco, fundador de la Federación de Campesinos, y Fidelio Despradel, quien cada semana iba a discutir con Aniana el tema de su artículos y la ayudaba a redactarlos.
Emocionantes las palabras del nieto, quien habló por toda la familia Vargas, y particularmente en nombre de su madre Ondina, quien en un mar de llanto vino a casa a abrazar a Fidelio y corregir todos los intentos de quienes conspiraron contra esa hermandad indestructible que forjaron Fidelio y Aniana, desde su militancia conjunta en el 1J4, en la Revolución de Abril y el movimiento ambientalista.
Hermosa, la pintura de Aniana donada por otro bonaense: Miguel Núñez, para la portada. En ella figura Aniana, rodeada de flamboyanes, y montañas. Fue esa Aniana la que con su hablar sedujo a Don Pedro Mir, entonces exilado en Nueva York. Me dijo: “Cuando la escuché y la vi, sentí la presencia de los campos de mi país. Oí el rumor de sus aguas, un trinar de pájaros, me acerque, pero ella no me aceptó”.
Cuando le pregunté a Aniana por qué no aceptó a Don Pedro me dijo: “Es que decía que iba a ser poeta nacional, y eso me parecía una faltade humildad”.
Asi era Aniana.

