El creciente desempleo se manifiesta como el rostro más intimidante del monstruo de siete cabezas que significa la crisis económica mundial que abate al mundo de hoy, entre cuyos otros semblantes figuran agravamiento de los déficits públicos, quiebra y bancarrota, inestabilidad política y convulsiones sociales.
Ya se admite que el crack económico es similar o peor que la Gran Depresión que asoló a la humanidad desde 1929 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, porque esta vez, las grandes economías no encuentran forma de contener una hemorragia financiera que ha causado pérdidas en riquezas casi en proporciones iguales al Producto Interno Bruto mundial.
Millones de trabajadores han perdido sus puestos de trabajo en todo el mundo y millones más quedarán cesantes en los próximos días, semanas o meses en un holocausto laboral sin precedentes, que ya causa resabios sociales en el Reino Unido, Francia, Rusia y Grecia y desplome de gobiernos en otras naciones europeas.
Durante el mes de enero, más de 300 mil personas perdieron sus puestos de trabajo en España, donde la desocupación alcanza ya los dos dígitos, mientras en Estados Unidos, cada día millares de trabajadores son echados a las calles, lo que ha elevado la cifra de sin empleos a casi once millones de ciudadanos.
Esos terribles efectos de la crisis económica mundial ya se sienten en República Dominicana donde se han producido decenas de miles de despidos para acentuar una tasa de desempleo que vuelve a rondar el 16 por ciento.
Ayer mismo, una empresa de zona franca anunció el desahucio de mil 500 trabajadores, que pasan a ingresar el enorme ejército de desempleados, sin posibilidad por el momento de poder obtener el sustento suyo y de sus familias.
La Cumbre que patrocina el Gobierno debería acordar de inmediato la aplicación de un programa que libere recursos públicos y del sector privado para promover y proteger el empleo, antes que el cólera de la desocupación irremediablemente contagie y malogre a la endeble economía.
Estados Unidos, China, España y otras, incrementan la inversión pública y alientan la privada, como forma de combatir el creciente desempleo, remedio que debería considerarse aquí para aliviar los altísimos niveles de desocupación, antes de que a causa de la falta de trabajo, los dominicanos terminen por comerse los unos a los otros.

