El balance sobre este año que agoniza dependerá en muchos aspectos del cristal con que se mire. Pero lo que se supone no está sujeto a discusión es que la tormentosa ola de violencia, con crímenes horrendos, marca un cierre perturbador y luctuoso de este 2010 que se despide.
Los homicidios de diciembre, algunos tan aterradores como la muerte degollados de una pareja de esposos y un niño de ocho años en Bonao, bastan como muestra de la vorágine sangrienta que también se ha expresado en la batalla cuerpo a cuerpo de la Policía contra el sicariato y la delincuencia.
Como evidencia del clima en que la violencia ha sumido a la población sólo el martes fueron abatidos por agentes de la Policía seis presuntos delincuentes, entre los cuales se citó a tres supuestos sicarios tres de los cuales pertenecerían a una banda internacional. Los sucesos ocurrieron en Gurabo, Villa Mella y Los Frailes. Pero ese mismo día un teniente asignado al programa Barrio Seguro fue muerto a tiros por desconocidos en un intento de asalto a un negocio de su propiedad en Villa González.
Días antes agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) mataron a un hombre de 60 años al repeler la agresión de un supuesto vendedor de estupefacientes que también fue acribillado. No puede dejar de citarse la muerte de un fugitivo y su acompañante en Las Guáranas, San Francisco de Macorís, y de un alegado distribuidor de drogas en Castillo. También entre los sucesos que más han perturbado a la población se incluyen la muerte por desconocidos de tres personas en un billar de Los Solares del Almirante, de Santo Domingo Este.
El hombre que mató a su madre e hirió a su padre en Baní en reclamo de una herencia y las puñaladas en San Juan de la Maguana a una niña de dos meses de nacida por un hombre despechado porque la madre de la criatura no quería reconciliarse con él se inscriben dentro de la vorágine sangrienta que marca la despedida de 2010.
Sin tornar muy prolijo el recuento, es tan patente el incremento de la criminalidad y la delincuencia que al menos el fiscal del Distrito Nacional se ha sentido alarmado. Y pone a los sucesos un acento más tenebroso al calificarlos como una modalidad del crimen organizado.
Que muchas personas han caído en este mes es una dura realidad que no se puede refutar con teoría ni estadísticas. Como tampoco se puede negar que la encrespada ola de violencia, con matices pasionales, familiares y sociales con que finaliza un año suele ser un mal presagio para el comienza, por las causas que la motivan.
Por más optimismo con que se quieran ver las perspectivas.

