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De mal en peor.-

Los estrategas del Gobierno y del PLD parecen no creer en el refranero popular, por lo menos en el que reza: “no se puede tapar en Sol con un dedo”.

La corrupción envuelta en el caso Odebretch y sus ramificaciones internacionales, es demasiado grande para pretender taparla con un dedito de la pobre Mónica Moura.

El esquema de los estrategas del Palacio es simple: contratar firmas y expertos consultores extranjeros para que les certifiquen como bueno la licitación de Punta Catalina y los montos pagados por las obras construidas por Odebretch.

Los expertos y firmas buscados tienen vínculos cercanos y recientes con la propia Odebretch.

Segundo, lograr, como en efecto lograron, que uno de sus jueces emitiera una sentencia homologando un acuerdo de homologación que le garantiza impunidad casi completa a Odebretch respecto a sus sobrevaluaciones y sobornos en el país.

Finalmente, pusieron en marcha una escalada de ataques, acoso y espionaje de los líderes de la Marcha Verde. El epítome de esa descarga de intolerancia la profirió en tono de amenaza el vozarrón de Amarante Baret, ministro de lo interior y policía.

Se trata de un extraordinario esfuerzo de los estrategas, pero mal hecho y condenado al fracaso. Mal hecho porque las medidas preventivas, “contrainsurgentes” o “desactivadoras”, carecen de credibilidad, y parece que ya no hay quien le saque de la cabeza a las grandes masas de dominicanos la creencia de que los jefes del propio Palacio tienen velas en el escándalo Odebretch y que están haciendo piruetas y allantes para confundir.

Lo de la Comisión de Punta Catalina, el acuerdo de homologación y la solicitud del Procurador a la Cámara de Cuentas para que audite las obras de Odebretch constituyen la tapa al pomo en cuanto a autoinculpación de la cúpula del Gobierno de Medina.

Solo hay que salir a la calle para confirmar que luego de la declaración de Mónica, el brindis del Comité Político y el vozarrón infeliz de Amarante, la ciudadanía luce más indignada y decidida.
Si el objetivo es salvar a Danilo, abandonen los subterfugios, ¡rápido!

El Nacional

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