El debate poselectoral, no ha prestado atención a la mecánica de un sistema electoral que hace que una segunda fuerza política, con el 42% de los votos congresuales, se quede sin representación en el Senado.
Es decir, no se le ha dado importancia al mecanismo (normas técnicas y fórmulas matemáticas) que determina qué cuota del Poder Legislativo tendrá cada partido como consecuencia de su votación.
Y el tema es de suma importancia, porque, por ejemplo, si un partido de oposición en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Bolivia, Uruguay, México, Paraguay, España o Estados Unidos obtuviese el 42% de los votos, o quedase segundo en la mayoría de las provincias, ese partido tendría notable representación en el Senado.
El senado nunca estaría integrado por miembros de un solo partido.
De los nueve países de América Latina donde existe Senado, solo República Dominicana elige un senador por provincia: México elige tres por Estado, Argentina tres por provincia, Chile dos por circunscripción, Colombia 100 senadores a nivel nacional, Paraguay elige 45 tomando al país como circunscripción, Brasil tres por Estado y Uruguay elige 30 de una circunscripción nacional.
Y en las sociedades donde hay más de un senador por provincia la preocupación ha sido cómo reflejar la participación de la segunda fuerza (o primera minoría) en un órgano que, como el Senado, aunque con algunas funciones políticas especiales, nunca debería ser integrado por miembros de un solo partido.
En otra variante, naciones como Perú, Venezuela, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y Panamá tienen un Congreso de una sola cámara integrada por representantes electos con base a fórmulas de representación proporcional.
El sistema electoral dominicano no tiene que ser igual a otros, pero, cualquiera que sea su tipo, debería garantizar el equilibrio de fuerzas y la gobernabilidad.

