Según el Informe Sobre el Desempeño del Sector Eléctrico, publicado en diciembre del año 2009 por la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales, CDEEE, el costo promedio de la energía comprada por las distribuidoras (Edenorte, Edesur y Edeeste) fue de aproximadamente 12.80 centavos de dólar y el precio promedio de venta fue de 19 centavos. Es decir, que las distribuidoras aportaron poco más de 6 centavos al precio final del kilovatio-hora.
Esa diferencia entre precio de compra y el de venta suele ser considerado entre especialistas en términos aproximados- como el Valor Agregado de Distribución (VAD).
Aunque las comparaciones de tarifas entre países son arriesgadas, vale indicar que en la mayoría de realidades sociales comparables a la nuestra, los costos propios de las distribuidoras (VAD) suelen ubicarse cerca de 3 centavos de dólar.
La diferencia es que en los países donde existe una regulación efectiva del negocio eléctrico, esos tres centavos, aparte costos y beneficios, incluyen también las inversiones anuales de las distribuidoras para reemplazo de redes, transformadores y ampliaciones del servicio.
Las distribuidoras dominicanas cobran un VAD que es casi el doble de otros países y aun así no pueden cubrir sus propios costos de operación y mucho menos hacer inversiones.
De modo pues, que el déficit de las distribuidoras no reside en el precio a que venden la energía; la tarifa tiene distorsiones importantes, pero, si se aplicasen factores y fórmulas realistas, se encontraría que a quien está perjudicando actualmente es al cliente que paga.
Lo que sí está afectando la sostenibilidad de las distribuidoras y del sistema es que, según el citado informe, durante el año 2009 las distribuidoras compraron a los generadores energía para vender en las zonas no PRA (cerca del 90% de las ventas), por un monto de 1,824.26 millones de dólares, de los cuales solo fueron capaces de facturar 1,238.94 millones; pero, además, de los 1,238.94 millones facturados, las distribuidoras dejaron de cobrar cerca de 99 millones.
Como se puede notar, el sistema mantiene invariable una incapacidad crónica para facturar y para cobrar la energía, y por eso el tollo.

