Refiriéndose a mi último artículo, titulado Caso único, algunos amigos me han preguntado si es cierto que el hecho de que se privatizara la CDE en 1999 sin contar en ese momento con una ley de electricidad y un marco regulador específicos, ha tenido alguna relevancia en el desarrollo de la crisis del sector eléctrico dominicano.
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Las empresas adquirientes de concesiones terminaron imponiendo las reglas de juego desde el mismo momento en que se aprobó la capitalización de la CDEE.
Les he contestado que sí; que esa ausencia ha sido una de las dos fuentes principales del desastre en que ha terminado la mentada reforma eléctrica. La otra fue el diseño y aplicación de los contratos originales de la capitalización preparados por la Comisión de Reforma de la Empresa Pública (CREP) en el tramo 1998-2000.
Veamos someramente un par de razones.
Como la antigua CDE era un monopolio eléctrico dueño de la generación, la transmisión y la distribución, es decir, un monopolio verticalmente integrado, entonces la reforma no solo incluía la venta de sus propiedades sino la desintegración del monopolio y la creación de las reglas y condiciones de mercado en las que funcionarían las nuevas empresas.
Pero, al no existir una ley marco con detallados reglamentos y un órgano regulador independiente y técnicamente apto, las nuevas empresas generadoras (EGEHAINA y EGEITABO), que lograron grandes contratos de larga duración y las distribuidoras (EDEESTE de AES, EDENORTE y EDESUR de Unión Fenosa) que habían conseguido concesiones de monopolio de un tercio del país, cada una, por más de treinta años, terminaron imponiendo las reglas del juego desde el mismo 1999, y cuando se aprobó la Ley de Electricidad en el 2001 ya el mercado estaba sitiado y dicha ley quedo en el aire.
La Ley de Electricidad quedó en el aire porque ya el mercado estaba sitiado. Es falsa una reforma que no garantice el flujo frecuente de inversiones.
Ese orden empresarial, basado en hechos, fuerza (apagones) y contratos enrevesados, elevo a las nubes el riesgo de inversión y, consecuentemente, las distribuidoras se negaron a invertir y prefirieron dejarse quebrar y las generadoras (ITABO y HAINA) no han invertido un solo centavo en nuevas plantas y más bien se han dedicado a controlar las que ya existían..
En el negocio eléctrico, si una reforma no garantiza el flujo frecuente de inversiones, entonces es falsa, es una reforma.

