Oposición
Según importantes analistas, actualmente nuestro sistema político padece de lo que los expertos denominan demasiada poca oposición.
Y cuando se hace esa crítica casi todos apuntan hacia el Partodp Revolucionario Dominicano y sus líderes.
Y se apunta hacia el PRD porque el Partido Reformista Social Cristiano, PRSC, no es oposición, ni tampoco lo es el Partido de los Trabajadores Dominicanos, PTD, de González Espinosa, el Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano, PQDC, de Wessin, el Bloque Institucional Social Demócrata, BIS, de José Frank, la APD de Max Puig, la Estructura de Vanderhorst y otros grupos similares. Estas son organizaciones gobiernistas, que siempre están en el Gobierno, sea éste colorado, morado o blanco. No importa.
Se sabe que en regímenes de presidencialismo puro y pedestre, como es el nuestro, contar con una oposición fuerte y dinámica es casi una necesidad de vida o muerte.
La crítica al PRD viene porque en el reinado de Fernández se han rebasado los límites conocidos en materia de corrupción, violencia, hechos de droga y caída de los servicios públicos fundamentales.
Esos lastres tienen casi aplastado al pueblo y los excesos del Gobierno son percibidos por la gente como agresiones en carne viva o abusos de poder. Y si en ese contexto la oposición política se hace la desentendida, la población entenderá que aquélla no la representa ni merece su confianza.
En estos tiempos, ese déficit de oposición política está siendo compensado por comunicadores y organizaciones de la sociedad civil que denuncian y publicitan hechos sensibles. Por esa razón, cada día son más los profesionales de la comunicación y el espectáculo que cruzan la raya y se convierten en exitosos candidatos a posiciones políticas.
Finalmente, algunos críticos reducen la cuestión en el PRD a un asunto de cambiar a fulano por zutano que pelea más. Así me lo planteó un amigo en el 2005, cuando el doctor Bello Rosa competía con Alburquerque por la presidencia del PRD. Me dijo que Ramón sería mejor para atacar a Leonel y su Gobierno. Se equivocó, porque confundió oposición con pelea y no entendió además que, aunque la personalidad importa, la oposición necesaria es la del partido no la del individuo. Volveremos.

