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Oposición

Una queja muy sonora entre sectores de la población, es la que se refiere a la pobre oposición que se le  hace  al Gobierno del doctor Leonel Fernández.

Y es un reclamo con fundamento, puesto que estamos viviendo serios retrocesos en aspectos fundamentales: desinstitucionalización, criminalidad, crisis económica, caída de los servicios básicos, desempleo, migración y otros lastres.

Pero, el PRD, al día siguiente de las elecciones de mayo del 2008 se embarcó en un tren de aspiraciones y conflictos internos que, como ha dicho Juan Bolívar Díaz, “no le ha dejado tiempo para ocuparse del país”. 

Es como si frente a una casa que arde por los cuatro costados, los bomberos se detuvieran a discutir quien va a ser el director del equipo.

Porque, por ejemplo, hacer de la selección de un secretario general y otros directivos un asunto de lucha nacional y de parálisis del partido es, a estas alturas, un anacronismo inaceptable.

 Por otro lado, es también es un anacronismo pretender reducir la importante cuestión de la oposición política a un asunto

de sustituir a Orlando Jorge Mera  por otro que se precia de más beligerante. En primer lugar, beligerante y crítico mordaz fue Ramón Alburquerque como presidente del PRD, pero el partido nunca superó los veinte y tantos puntos durante su gestión. Es decir, la fiebre no está en la sábana.

En segundo lugar, los tiempos del líder-partido como era el doctor José Francisco Pena Gómez, ya pasaron y, en tercer lugar, el propio  PRD, como organización partidaria, tiene que mejorar su imagen y elevar su credibilidad frente a una  sociedad que lo observa. 

Según sus críticos, una de las debilidades de ese partido es la carencia de un discurso maestro propositivo y actualizado, así como su inveterada vocación para las trifulcas internas.

Para superar tales debilidades, aparte el cambio de rostros, se requiere la adecuación del partido desde una perspectiva que incluya las tres etapas básicas de la oposición política: la crítica, la contención del poder y la auto proyección como una alternativa creíble frente partido que está gobernando.

Los cambios que en la actualidad está impulsando Miguel Vargas apuntan en esa dirección.

El Nacional

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