En 1989, Carlos Andrés Pérez logró una contundente victoria electoral que lo llevó por segunda vez al Palacio de Miraflores, Caracas. Jaime Lusinchi era, en ese momento, el presidente de Venezuela, jefe máximo del aparato de dirección de Acción Democrática (AD) y, por consiguiente, compañero de partido del presidente recién electo.
La victoria de Carlos Andrés fue también contra Lusinchi, puesto que en las primarias internas éste había apoyado abiertamente al dirigente Octavio Lepage. Los resultados reavivaron la vieja disputa por el control del partido.
De manera, pues, que Carlos Andrés subió al poder con dos grandes desafíos: la aplicación de impopulares ajustes macroeconómicos, y el manejo de la creciente oposición que le hacían los dirigentes de su partido.
Y así, entre protestas de la población y el ataque público de sus compañeros, Pérez fue derribado en 1993 y Acción Democrática entró en crisis y desmembramiento hasta caer en lo insignificante.
En la Argentina, el líder del partido Unión Cívica Radical, el expresidente Raúl Alfonsín, guiado por sus contradicciones con su compañero Fernando de la Rúa y otros dirigentes, traicionó vilmente a su organización al firmar el Pacto del Olivo en 1993 con el ambicioso Carlos Menem, para que éste pudiera modificar la Constitución y reelegirse en 1995 a costa de la derrota del candidato del partido de Alfonsín.
En Perú, en 1989, el presidente Alan García, impopular y sin poder reelegirse, utilizó todos los recursos del poder para apoyar a cualquier aspirante de otra organización, menos a Luis Alva Castro, el candidato de su propio partido, el APRA.
En su desvarío sectario, García apoyó primero al izquierdista Alfonso Barrantes, y cuando éste perdió fuerza se mudo a la tienda del mismísimo Fujimori en junio de 1990. Como suele suceder con estas piruetas miserables, Fujimori terminó tragándose en seco la democracia peruana, el APRA casi desaparece y García, perseguido por Fujimori, hubo de exiliarse en París durante casi una década.
Pero, este tipo de enemistades destructivas y estériles ha sido común también en la República Dominicana, siendo el PRD su escenario favorito. Veremos.

