Con el fallecimiento de los ex mandatarios Salvador Jorge Blanco, Néstor Kirchner y Carlos Andrés Pérez, pierde América Latina en 2010 a tres estadistas liberales que impulsaron la democracia política en el continente.
Kirchner, quien gobernó a Argentina desde el 25 de mayo de 2003 hasta el 10 de diciembre de 2007, promovió el proceso de reformas que marcaron el retorno de una agónica economía por senderos de crecimiento y expansión.
Al momento de su deceso, el 27 de octubre, Kirchner, con 60 años de edad, figuraba arriba en todas las encuestas para suceder en la Casa Rosada a la actual jefa de Estado, su esposa Cristina Fernández.
Carlos Andrés Pérez, quien falleció el 25 de este mes, a los 88 años, en Miami, fue un auténtico adalid de la democracia en la región, que promovió como presidente de Venezuela en dos oportunidades, y líder de la Internacional Socialista.
Al presidente Salvador Jorge Blanco le tocó dirigir un período (1982-86) matizado por aguda crisis económica que obligó a su gobierno a concertar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyas exigencias de políticas restrictivas causaron violentas pobladas.
Jorge Blanco, quien falleció el 26 de diciembre, padeció a su salida del poder una áspera persecución política que incluyó una controversial condena a 20 años de prisión por una acusación de corrupción, que años después fue revocada por los tribunales.
Puede decirse que el 2010 fue un año luctuoso para la democracia de América Latina que perdió a tres estadistas que promovieron las libertades públicas en sus respectivos países y en todo el continente.
En contraste con ese historial democrático, se produjo este año la condena a cadena perpetua del antiguo dictador argentino, general Jorge Videla, quien formó parte del tenebroso clan militar que asesinó a miles de opositores políticos en Suramérica.
Los latinoamericanos guardan hoy perenne deuda de gratitud hacia los fallecidos estadistas Salvador Jorge Blanco, Ernesto Kirchner y Carlos Andrés Pérez, por sus invaluables aportes a la promoción de la democracia, que hoy se consolida desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia.

