Opinión

Diálogo entre ahorrante y botarate

Diálogo entre ahorrante  y botarate

Conversan dos amigos pertenecientes a la alta clase media mientras degustan una botella de vino en un club social.
-¿Sigues siendo el hombre que no valora su dinero y que lo gasta como si no fuera suyo, a veces dándoselo a picoteadores que odian bajar el lomo?
-El dinero se hizo para que el que lo tiene en buena cantidad lo invierta en lo que le de la gana.
-Es que darle dinero a un vividor no es inversión, sino un gasto injustificable.
-Es que los pedigüeños a quienes les doy lo mío no me encañonan con armas de fuego para que les moje las manos, como se dice popularmente.
-Oyéndote, cualquiera pensaría que te gusta que te cojan de pendejo.
-Si proviniendo de familia humilde he llegado a una posición económica sólida, es porque no soy ningún pendejo ni amemao, sino un hombre lo suficientemente vivo para ganarme el dinero sin tener que robar, ni engañar al prójimo.
-Pero tus gustos no son de alguien de clase media, sino de millonario.
-Es cierto que he gastado quizás más de lo que debería, pero ha sido dándome gustazos que no se dan algunos que tienen un bojote de millones.
-Por cierto que fumas muchísimo, y los cigarrillos que consumes son de fabricación norteamericana.
-Diez pitillos diarios no corresponden al término que usaste en superlativo; resultó exageradísimo, y lo digo así para imitarte en el uso del idioma.
-Estoy sentado aquí contigo, porque aceptaste a regañadientes que hiciéramos un serrucho al pagar, porque tienen la mala costumbre de pagar todas las cuentas en clubes y restaurantes, aunque algunos de tus tercios sean personas con más dinero que tú.
-Reconozco que en alguna ocasión he actuado así, pero ha sido cuando estoy acompañado de gente a quienes le debo algún servicio, o favor.
-Compraste una casa grandísima, en un sector donde la mayoría de los residentes son millonarios, y aparece uno que otro multimillonario.
-Es que la comodidad no tiene precio, y todos sabemos que cuando uno amanece en atención al marcharse de este mundo, no le echan dinero en los bolsillos del traje con el que lo llevan a la funeraria.
-Felizmente yo no soy tan derrochador del dinero, y lo ahorro, aunque no soy tacaño, Con el dinero que has botado, podrías haberte comprado un avión Jet.
-¿Desde cuándo estás ahorrando?
-Lo hago desde las primeras sumas de dinero que gané.
-Entonces hay una pregunta que se cae de la mata: ¿dónde está tu avión?
Este relato de ficción lo escuchamos mi esposa Yvelisse y yo en labios de la hermosa y reputada médica Catalina González Pons.

El Nacional

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