Los resultados que se han acordado y los temas que se abordan plantean que no obstante las objeciones legales al Consejo Económico y Social (CES) como coordinador del diálogo para despejar el horizonte electoral, así como las críticas al rol mediador de monseñor Agripino Núñez Collado, el encuentro entre los partidos políticos y representantes de la sociedad civil ha resultado estratégico.
No había otra manera, como no sea a través de la discusión, para que puda conseguirse la elección de un procurador electoral que cuente con el aval de las organizaciones proselitistas ni avanzarse en un tema tan espinoso como la contratación de una firma de auditores para verificar los gastos de partidos y candidatos durante la campaña proselitista.
Puede alegarse que los acuerdos no siempre se cumplen. Y como prueba puede citarse que en uno de los tantos diálogos que se han celebrado en el país se acordó y jamás se cumplió la eliminación del sacrosanto “barrilito” de los senadores. Pero en esta ocasión las perspectivas son diferentes.
La suspensión de las elecciones municipales del 16 de febrero ha arrojado muchas sospechas sobre el liderazgo político, de las que tiene que despojarse acatando, quiera o no quiera, los resultados de la discusión.
Si la iniciativa fue concebida como una jugada para bajar las presiones sociales, ganar tiempo y engatusar a la población lo más probable es que no se consigan los propósitos. Hay una opinión pública presente en el debate a través de diferentes organizaciones de la sociedad civil.
Antes que sustraerse por el fantasma de la desconfianza o la inconstitucionalidad del CES para coordinarlo había que aprovechar el encuentro para discutir la reestructuración de las juntas municipales y la designación de veedores en departamentos tan fundamentales de la Junta Central Electoral (JCE) como las direcciones de informática y de elecciones. Ese diálogo propuesto por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) y coordinado por el CES, sin importar que no sea parte de sus funciones, había que aprovecharlo como una suerte de recurso divino para despejar una atmósfera cargada de nubarrones.
La presencia de observadores y las mismas presiones de organizaciones internacionales han pesado, sin que nadie se llame a engaño, en las conversaciones. Los incidentes y objeciones que han marcado el proceso deben servir a Núñez Collado para reflexionar sobre su imagen, sin menoscabo de los aportes que pudiera hacer a la paz social con la mediación en candentes conflictos.
Lo mismo que para otros sectores que en otros momentos de crisis ni siquiera se pronunciaron para no evidenciar sus compromisos o entrar en contradicción con el poder político.

