Semana

Díaz Goris el reloj de sangre

Díaz Goris el reloj de sangre

El reloj de sangre

En el cuerpo de La Nada,

A las doce de Las Sombras,

La aguja del silencio

Marca los dientes del dolor.

En el sepulcro de la risa

La Vejez aletea, coqueta,

Como geranio por nacer,

Sangre congelada

En el ruido de una pesadilla,

Cuerda de halcón

Proyectada hacia el olvido.

En ojos del horizonte,

La tierra se asemeja

A una infausta orquídea

Que se muerde los pezones.

Adivino la acústica del pensamiento

Bajo la piel de la inocencia.

Espero, insomne,

Que las horas vuelvan a caer

Desde las nubes,

Mientras mi pensamiento,

Reflejado en el espejo,

Enajena la luz

Que me acerca a tu figura.

Te observo con la piel.

Mi sombra asesinable

Descansa bajo tu pelo.

Un sonido rancio

Aja mi voz.

Detrás de tus senos

Reluce El Misterio.

Una mancha de emociones cinéticas

Te acerca a mi lujuria,

Y, en el espacio infausto

De una caricia suicidante,

Tu cuerpo muere despacio,

En la exquisitez del sufrimiento.

SUEÑO

   Un sueño isósceles

   Endulza mis noches.

   Mi voz, como pulpo arrodillado,

   Sigue presa en el futuro.

   Mi sangre ausente

   Vive el sueño,

   Y sigue siendo galerna

   En búsqueda

   De un eterno nacimiento.

   Mis huesos, pensantes,

   Se rebelan contra mi.

   Mi cuerpo, en su angustia vicaria,

   Sólo puede fantasear.

   La Realidad, harta de no ser ella,

   Ha muerto dentro de mi.

Acústica de las ansias

 

La daga de tu mirada

Sostiene en vilo a la noche,

Mientras una a una

Mis palabras te desnudan.

El temblor de tu cuerpo,

Igual que un barco que se hunde,

Va extendiendo su aroma

Desde el lecho hasta mi sed.

Tus senos elevan

La roja firmeza de sus puntas,

Hasta el ávido fulgor

Que va poblando mis labios.

Tu piel, que oculta las palabras

De todos mis silencios,

Tiene la forma de una duda satisfecha,

Sabor a luna llena,

La textura de un pensamiento.

Van cayendo sobre nosotros

Hojas de sangre y fuego,

En el ritual de dos cuerpos

Bajo todas las formas del Deseo,

Mientras tu aliento desnudo

Escribe tu nombre en mi piel.

Mi voz, puñal de ojos abiertos,

Reclama el sabor de tus labios

En la ceniza del dolor.

Luego me baño de ti,

En los ríos gemelos de tus piernas,

En los destellos de tu pubis,

Del que nace un sol alado cada noche,

Y donde se esconde,

Bajo el ardor de tus esencias,

La sagrada cifra de Las Ansias.

Cuando todo se consuma,

La noche nos acerca a La Muerte,

En la herida del orgasmo,

En el cansancio del querer,

Y vas andando, aún desnuda,

Mariposa en la punta de un beso,Mientras, a la luz de tu cuerpo,

El día sangra de amor.

AMAR

   Amar es tener

   Un ruiseñor en la sangre,

   Con las alas desplegadas

   En melodía de luz.

   Es oír una alondra

   Alzar vuelo desde un beso,

   Y su voz de primavera

   Cuando perfuma la piel.

   Es degustar una estrella

   Con sabor a nacimiento,

   En una nube de guacamayos

   Con sonrisa de mujer.

   Amar es ver la tarde

   Derretirse en el espejo,

   Reflejo de dos cuerpos

   Ungidos de placer.

   Amar es la alegría

   De un juguete encontrado,

   El aroma de un abrazo

   Al ver la noche lunecer.

   Es el fulgor de la sangre

   Que se eleva al infinito,

   Albedrío de las ansias,

   Bajo el imperio de la sed. 

     Tú belleza vertical

    Tu belleza cayendo va,

    Igual que un arcoíris

    Surto sobre un Quetzal.

    Ella es jardín

    Florecido de palomas,

    Reflejo de dagas

    Rielando sobre el silencio.

    Tu rostro, como una tarde en forma de campana,

    Moja a la maña de altos ojos,

    Pétalo de luz en sonora expansión.

    Tu piel es un Ave Lira

    Sentada en la mirada de la noche,

    Homilía de labios que se anudan

    Bajo el nimbo del crepúsculo.

    Tu aliento es el alfanje

    Que decapita a la Inocencia,    Agua virgen, llena de ojos,

    Lunecida de ánforas y fulgor.

    Tu belleza deletérea,

    En alas de primavera,

    Es el horizonte vertical

    Que preludia la Muerte.

  

Con la noche en la piel

   Desnudar la luz de sus huesos

   En el hermoso suicidio

   Del placer;

   Morder los lugares

   Donde una vez

   Estuvo su piel

   En la despiadada belleza

   Del dolor.

El Nacional

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