El reloj de sangre
En el cuerpo de La Nada,
A las doce de Las Sombras,
La aguja del silencio
Marca los dientes del dolor.
En el sepulcro de la risa
La Vejez aletea, coqueta,
Como geranio por nacer,
Sangre congelada
En el ruido de una pesadilla,
Cuerda de halcón
Proyectada hacia el olvido.
En ojos del horizonte,
La tierra se asemeja
A una infausta orquídea
Que se muerde los pezones.
Adivino la acústica del pensamiento
Bajo la piel de la inocencia.
Espero, insomne,
Que las horas vuelvan a caer
Desde las nubes,
Mientras mi pensamiento,
Reflejado en el espejo,
Enajena la luz
Que me acerca a tu figura.
Te observo con la piel.
Mi sombra asesinable
Descansa bajo tu pelo.
Un sonido rancio
Aja mi voz.
Detrás de tus senos
Reluce El Misterio.
Una mancha de emociones cinéticas
Te acerca a mi lujuria,
Y, en el espacio infausto
De una caricia suicidante,
Tu cuerpo muere despacio,
En la exquisitez del sufrimiento.
SUEÑO
Un sueño isósceles
Endulza mis noches.
Mi voz, como pulpo arrodillado,
Sigue presa en el futuro.
Mi sangre ausente
Vive el sueño,
Y sigue siendo galerna
En búsqueda
De un eterno nacimiento.
Mis huesos, pensantes,
Se rebelan contra mi.
Mi cuerpo, en su angustia vicaria,
Sólo puede fantasear.
La Realidad, harta de no ser ella,
Ha muerto dentro de mi.
Acústica de las ansias
La daga de tu mirada
Sostiene en vilo a la noche,
Mientras una a una
Mis palabras te desnudan.
El temblor de tu cuerpo,
Igual que un barco que se hunde,
Va extendiendo su aroma
Desde el lecho hasta mi sed.
Tus senos elevan
La roja firmeza de sus puntas,
Hasta el ávido fulgor
Que va poblando mis labios.
Tu piel, que oculta las palabras
De todos mis silencios,
Tiene la forma de una duda satisfecha,
Sabor a luna llena,
La textura de un pensamiento.
Van cayendo sobre nosotros
Hojas de sangre y fuego,
En el ritual de dos cuerpos
Bajo todas las formas del Deseo,
Mientras tu aliento desnudo
Escribe tu nombre en mi piel.
Mi voz, puñal de ojos abiertos,
Reclama el sabor de tus labios
En la ceniza del dolor.
Luego me baño de ti,
En los ríos gemelos de tus piernas,
En los destellos de tu pubis,
Del que nace un sol alado cada noche,
Y donde se esconde,
Bajo el ardor de tus esencias,
La sagrada cifra de Las Ansias.
Cuando todo se consuma,
La noche nos acerca a La Muerte,
En la herida del orgasmo,
En el cansancio del querer,
Y vas andando, aún desnuda,
Mariposa en la punta de un beso,Mientras, a la luz de tu cuerpo,
El día sangra de amor.
AMAR
Amar es tener
Un ruiseñor en la sangre,
Con las alas desplegadas
En melodía de luz.
Es oír una alondra
Alzar vuelo desde un beso,
Y su voz de primavera
Cuando perfuma la piel.
Es degustar una estrella
Con sabor a nacimiento,
En una nube de guacamayos
Con sonrisa de mujer.
Amar es ver la tarde
Derretirse en el espejo,
Reflejo de dos cuerpos
Ungidos de placer.
Amar es la alegría
De un juguete encontrado,
El aroma de un abrazo
Al ver la noche lunecer.
Es el fulgor de la sangre
Que se eleva al infinito,
Albedrío de las ansias,
Bajo el imperio de la sed.
Tú belleza vertical
Tu belleza cayendo va,
Igual que un arcoíris
Surto sobre un Quetzal.
Ella es jardín
Florecido de palomas,
Reflejo de dagas
Rielando sobre el silencio.
Tu rostro, como una tarde en forma de campana,
Moja a la maña de altos ojos,
Pétalo de luz en sonora expansión.
Tu piel es un Ave Lira
Sentada en la mirada de la noche,
Homilía de labios que se anudan
Bajo el nimbo del crepúsculo.
Tu aliento es el alfanje
Que decapita a la Inocencia, Agua virgen, llena de ojos,
Lunecida de ánforas y fulgor.
Tu belleza deletérea,
En alas de primavera,
Es el horizonte vertical
Que preludia la Muerte.
Con la noche en la piel
Desnudar la luz de sus huesos
En el hermoso suicidio
Del placer;
Morder los lugares
Donde una vez
Estuvo su piel
En la despiadada belleza
Del dolor.

