Amor a los hijos es el mejor legado que los padres le pueden dar a su familia, porque los convierte en roble o acero, para resistir las adversidades que se les presentan en la vida y tener aún fortaleza para obtener reconocimiento que llenan de felicidad la existencia de sus progenitores.
La recomendación se extrae de una carta que envía la familia Arbaje Escovar a los docentes y padres de los alumnos del colegio Lux Mundi.
A sus hijas les fue entregado el premio resiliencia, galardón que otorgó el centro educativo a los estudiantes que han tenido la capacidad de resistir, tolerar la presión, los obstáculos y condiciones de vida adversas, y pese a eso hacer las cosas correctamente.
Destaca la misiva que Miguel y Brenda Arbaje están en Houston desde agosto del pasado, a la espera de una intervención quirúrgica al primero, quien padece problemas cardíacos.
Sus hijas Paola, Nicole e Isabel, ante la ausencia de sus padres pudieron continuar con sus vidas cotidianas y hasta lograr un reconocimiento importante.
A continuación el texto integro de la carta:
Desde hace unos días he deseado escribir algo con respecto a una palabra que hasta hace poco era desconocida por mí, esta es: la resiliencia.
Este vocablo surge en la noche de honores del colegio Lux Mundi, al otorgarles un reconocimiento a mis hijas por la resiliencia, he ahí cuando al escucharla busco su significado y el contexto psicológico de la palabra y entiendo: La resiliencia es esa capacidad para resistir, tolerar la presión, los obstáculos y condiciones de vida adversas, y a pesar de ello hacer las cosas correctas, bien hechas, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado, cuando todo parece actuar en su contra.
Como ingeniero conocía la condición de física y se refiere a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones, pero no lo relacionaba con las personas y menos con mi familia.
Al enterarme de este premio y de que mis hijas recibieron un «Standing Ovation» de todo el público presente durante unos minutos, mi corazón latió con todas sus fuerzas de la emoción.
Una de ellas me dijo: recibimos este premio en tu honor. Y yo les dije a todas, incluyendo a Isabela, que no subió por no ser de secundaria, que yo no era el protagonista, que ellas eran las verdaderas heroínas de este capítulo de nuestras vidas, porque entendiendo la definición y viendo por todo el proceso que han vivido, y seguir adelante en medio de la adversidad, hay que estar en su lugar, alejadas de nosotros por primera vez, por más de 10 meses, con su papá debatiéndose entre la vida y la muerte, y poder continuar con sus labores cotidianas, de estudios, hacerse cargo de la casa, hasta hacer las compras, preocupadas por disminuir los gastos, sobre todo ser las tres una sola, cada una preocupada de las otras, cuidándose, sin discusión, todo una muestra de amor entre hermanas.
¿De qué material están hechas mis hijas, para poder soportar todo esto llegado de improviso, y aún así llenarnos de felicidad, siempre contentas, optimistas, aún estando muy conscientes de la realidad, unos dicen roble o plata, otros acero, yo digo son fruto del amor.
Fruto del amor de padres, de hermanas, del amor de dos abuelos que les ha tocado sacrificarse para atenderlas, don Fernando y don Miguel. Del amor de la familia, Huáscar, Edgar, Nina, Zami , Aimée y Fernando, sus primos y primas, los tíos, en la casa bajo el cuidado de Sonia y Elena, que han sacrificado la atención de sus hijos por darles todo el amor a las nuestras, Darío que les ha guiado con seguridad, esa entrega de nuestros hermanos que con cariño les llamamos la hermandad y todos nuestros amigos.
Gracias a la comunidad Lux Mundi, por este merecido reconocimiento a estas «chicas superpoderosas», porque han reconocido esa virtud, hasta hoy desconocida para ellas, que les ha demostrado como dicen los jóvenes, «se puede sacar de abajo».
Esta escuela sigue demostrando que fue nuestra mejor elección, de ella hemos recibido no sólo el cariño y apoyo solidario, también grandes satisfacciones.
Un reconocimiento a las directoras Leonor y María Amalia, los profesores, los empleados, los padres, los alumnos, los padres guías, que se han unido dándonos una gran muestra de apoyo y solidaridad, algo que trasciende al simple compromiso, y llega a ser una manifestación del más puro amor, como Jesús nos enseñó.
Paola, Nicole e Isabela, gracias por ser la alegría y mi mayor deseo de vivir. Ustedes se merecen muchos premios a la excelencia, por sus estudios, conducta y todos los logros alcanzados.
Hace días tengo en mi mente grabada una frase que repetía el padre Emiliano Tardif:
«El que ama es capaz de hacer grandes sacrificios por el amado. Yo sé que soy amado.

