¿Qué Pasa?

Diomary la Mala no es mala nada

Diomary la Mala  no es mala nada

Rafael Peralta Romero

 

A un hombre lo invitan, casi lo llevan, al Salón de los Espejos, Palacio de Bellas Artes, para presenciar la presentación de una artista de de quien nunca escuchó siquiera una promo y a quien no había visto ni en foto.

Por el nombre, se la imagina bachatera, abundante de glúteos y escasa de ropas y que de seguro le hace honor al tema de Mélida Rodríguez que dice: “Yo soy mala y seguiré siendo mala…”

Antes de que apareciera en escena una mulata rubia tan indumentada como Rigoberta Menchú, el periodista Wilfredo Alemany, que no solo habla de política, advirtió que se trata de una cantante a nivel de la fallecida Sonia Silvestre y de Maridalia Hernández. Y era para replicarle: “Wilfredo, bájale algo”. Cuando se esparció en el recinto una voz auténtica y dulce que expresaba: “Ese barco velero cargado de sueños cruzó la bahía…” tema al que siguieron “Lucía” (la de Serrat) y “Te perdono”, del cubano Noel Nicola, hubo que dirigir la mirada hacia Alemany para decir, sin palabras: “tenías razón”.

Diomary Castillo, francomacorisana, residente en Puerto Rico, no ha grabado tema alguno, por eso hace su magnífico concierto a partir de canciones inolvidables como “Nostalgia”, “Qué te pedí”, “No llores por mí, Argentina”, una versión aflamencada de la vieja bachata “Pena”, de Luis Segura, que puede revolver el sentimiento al más tranquilo.

Se acompaña de dos guitarristas a quienes identifica como Iván y El Pollo, además de Félix, un percusionista que por momentos es sustituido por Franklin Soto.

Es palpable el sentimiento que imprime esta mujer a sus interpretaciones, y una vez en escena tanto ríe como llora, se inclina como se yergue y lo mismo transmite al espectador por aburrido que sea éste.

Diomary no es mala nada y el apelativo “Mala” lo explica en un acróstico del que salen estas palabras: Mujer, Auténtica, Luchadora, Activista. Quien se lleva de su nombre le dará menor importancia, pero quien la ve en la tarima y la escucha, queda con gusto de hacerlo de nuevo y de cambiarle la denominación: Diomary la Buena.

El Nacional

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