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¡Dios mío!

¡Dios mío!

Dios mío! Pero que difícil es pasarse un diciembre tranquilo y alegre en esta media isla caribeña de mis amores y dolores. Lo digo porque por más esfuerzos que realizo para hacer de esta temporada singular, una época especial, no hay manera de conseguirlo.

Quiero dejar claro que ni por asomo soy seguidor del pensamiento pesimista desarrollado por los escritores dominicanos don José Ramón López y el doctor Francisco Moscoso Puello. Dios me libre.

Pero como soy dominicano, con profunda sensibilidad social y un soñador con la construcción de una sociedad mejor, no puedo sustraerme de denunciar públicamente una situación tan indignante.

Esto lo digo porque en menos de dos semanas de este diciembre he sido testigo de excepción de tres actos de delincuenciales que me han impactado.

Los actos a los que voy hacer referencia se originaron en una de las zonas consideradas socialmente como exclusivas del Distrito Nacional, el sector Arroyo Hondo.

El primero tiene que ver con un atraco a punta de pistola a las 6:00 de la mañana por jovencitos que se desplazaban en una motocicleta para despojar de un motor un señor que se dirigía a su trabajo, en la avenida Camino Chiquito. Los atracadores aparentaban menos de 20años de edad.

El segundo fue a la 6: 35 de la mañana, un señor desde su automóvil repelía a tiros a dos supuestos atracadores, que a su decir, le intentaron despojar de su automóvil. Y el tercero una intentona de atraco de dos jóvenes que iban en un motor a dos damas que se ejercitaban en una de las calles del sector.

El Nacional

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