Cada sociedad tiene dirigentes, hombres y mujeres representativos de su idiosincrasia. Auténticos y artificiales, en tanto lo merezca o se le imponga.
Hay en la nuestra variadas formas de líderes, cabezas de los diferentes núcleos. Nos ocupamos de los políticos, en apretada síntesis del perfil de los tipos clasificados.
Los auténticos, generan ellos mismos sus fuerzas, fijas y mutables conforme las demande la generación que les dio vida. Sin ser imprescindibles nadie lo es-, se hacen indispensables en los círculos que de ellos dependen. Pasan la prueba o se legitiman cuando se mantienen en pie, dentro o fuera del poder. La prensa los necesita sin que esto sea inversamente igual.
Entre los artificiales o forzados existe una diversidad que se nos antoja tan numerosa como estéril. Comencemos por los mediáticos, cuya vigencia depende del cargo que ocupan y de los enclaves que el poder les facilita. La falta de imaginación y escasa pericia de sus colaboradores lo decantan. Los maas atrevidos llegan a creerse presidenciables, lo cual es una cosa grave.
De vez en cuando, las mismas fotos, las mismas declaraciones de prensa, huecas y oportunistas, desplazando noticias relevantes que la gente quiere y necesita saber. De ahí los daños que ocasionan.
En esa categoría entran los que, sin haber ocupado posiciones importantes, se afanan en alcanzar un espacio que su incapacidad les niega. Seducidos por los afectos personales e interesados o, acaso, por una presencia física agradable, confunden la condición de dirigente con la de individual simpatía, tan simple que no trasciende la familia, el barrio o el lugar de trabajo.
Los hay, eso sí, conscientes de su limitada pero útil condición de soporte, para no decir de segundones. Rol en el que hacen mal, a no ser que les dé por suplantar a sus mentores. Sus restricciones se derivan de la falta de recursos, encanto personal y valor para enfrentar a un adversario..
A algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande, entendía Shakespeare hace 500 años y todavía es así.
