Opinión

Dominicanidad

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Acosados por la miseria y marginalidad centenares de familias dominicanas abandonan comunidades rurales en la zona fronteriza que luego se convierten en asentamientos haitianos, en algunos de los cuales ya no se habla español.

En un reportaje publicado ayer por El Nacional, sobre el éxodo masivo de nativos desde sus poblaciones de origen en la frontera, se revela que en siete pueblos del municipio Palo Verde, de Montecristi, sus habitantes son ahora de mayoría haitiana.

Familias dominicanas emigraron masivamente de los poblados Jaramillo, Juliana, Batey Madre, El Gómez, Cabuya, Sanita y Sequía, que ahora son ocupados por inmigrantes haitianos indocumentados, un drama que se repite en otras muchas comunidades fronterizas.

El gobernador de Montecristi, Marcelino Cordero, admite que los dominicanos emigran porque en los lugares donde nacieron “carecen de las más mínimas facilidades de vida” y “porque se cansaron de ser víctimas de las tropelías que en su contra aparentemente cometían los haitianos”.

Los dominicanos abandonan comunidades rurales de la frontera porque no tienen acceso a fuentes de trabajo, escuelas, hospitales, caminos vecinales, ni a nada que siquiera se acerque a la civilización. Esa es la razón por la que en Sequía sólo quedan tres de ochenta familias dominicanas que habitaban esa comarca.

En la capital se entona el himno nacional y se iza la bandera tricolor, pero en la frontera, decenas de comunidades son hoy mayoritariamente haitianas, porque los dominicanos emigran a causa del hambre, la marginalidad y el abandono.

El Gobierno tiene el imperativo compromiso de desalentar la emigración masiva de dominicanos desde comunidades fronterizas mediante la ejecución de programas que alienten la inversión pública y privada en la región para promover empleo, vivienda digna, reactivar la agropecuaria, agroindustria y el emprendimiento.

Si de verdad se quiere hablar de nacionalismo, soberanía, dominicanidad o de patria, se requiere con urgencia que la justicia social se asiente a todo lo largo y ancho de los 390 kilómetros de frontera terrestre, donde en muchos lugares ya no se habla español.

El Nacional

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