Juan Bosch fue presidente por siete meses y no pudo aplicar su avanzado programa de gobierno. Don Antonio Guzmán sí duró su período completo y me permite calificarlo el mejor jefe de Estado que ha tenido el país en las últimas décadas.
¿Quién pensaría que un terrateniente, considerado como conservador en su propio partido, haría la administración que registra las más grandes transformaciones políticas de la historia social dominicana?
Don Antonio no ha sido valorado en su justa dimensión. De un régimen de terror político, como el los doce años de Balaguer, los dominicanos empezaron a disfrutar, en 1978, de respeto a los derechos humanos y a las libertades públicas. Se permitió el regreso de los exiliados, se excarcelaron los presos políticos, y se derogaron las leyes que prohibían el comunismo. En el plano económico, llevó el sueldo mínimo de 60 a 125 pesos.
Hay que admitir que los gobiernos siguientes no han atentado contra las libertades políticas conquistadas, pero les correspondía el rol de consolidar el sistema democrático, fortaleciendo las instituciones públicas y no lo han hecho. Contrariamente, a algunos se les acusa de utilizar los métodos balagueristas, en lo que respecta a clientelismo, nepotismo, culto a la personalidad y tolerancia a los actos dolosos.
Hipólito Mejía, por ejemplo, gobernó durante el período 2000-2004, el PRD controlando todos los poderes públicos, oportunidad para hacer transformaciones y modernizar al Estado, pero se limitó a reformar la Constitución para repostularse, mostró incapacidad para estabilizar las variables macroeconómicas y envió tropas a Irak.
Sin formular propuestas de solución a los problemas del país, Hipólito se repone políticamente y todo apunta a que será el candidato del partido blanco. Las circunstancias demandan de figuras frescas y capaces en las boletas de los partidos mayoritarios, para que surja un gobierno que supere al de don Antonio Guzmán.

