He comenzado a analizar el problema educativo por el magisterio, pero siempre he sostenido que el problema del magisterio está en su formación, porque aun la persona con menos recursos, con una metodología adecuada, puede convertirse en un excelente profesor.
El proceso tradicional de formación del magisterio es fundamentalmente memorístico, convencional, por eso, si tú rompes los esquemas para que el profesorado aprenda a pensar de manera crítica y haga su propia síntesis, se pierden.
La educación dominicana es aburridísima, memorística, poco creativa. Es un milagro que la niñez, o la juventud, no salgan corriendo de las aulas, cuando llegan a espacios desnudos de todo atractivo visual, generalmente desarborizados o sin jardin, donde el aprendizaje es una obligación, no una celebración de la cual ellos y ellas pueden ser copartícipes.
Cuando llegué a este país, me apersoné a la UASD, a su Departamento de Educación y les ofrecí honoríficamente- impartirles un curso sobre metodología de trabajo con grupos. Ya que lo que había visto era una gran preocupación por los contenidos, pero poco entrenamiento en que hacer para introducirse a un grupo; para introducir un tema; para manejar la disidencia; para devolverle al educando una síntesis de lo aprendido (en cada clase); para transformar el rol de maestro en uno de facilitación, y por último, cómo desarrollar métodos alternativos para impartir una clase. No me hicieron caso.
Partía de la práctica de Paulo Freire (con quien trabajé en Guinea Bissau, en el diseño de un programa nacional de alfabetización) y de lo que había aprendido de su Pedagogía del Oprimido.
¿Qué decía Paulo? Hablaba de las dificultades de desarrollar el pensamiento abstracto en comunidades tradicionalmente marginadas, y de cómo había que utilizar recursos que había rescatado de la educación pre-escolar, como mostrar las ideas (asi como suena, MOSTRAR LAS IDEAS) para hacerlas comprensibles.
Hablaba de iniciar todo proceso educativo con la creación de lazos de afinidad con la clase (algo a lo que aquí no se le dedica el tiempo necesario), a partir de su propia pasión por la enseñanza; la necesidad de evaluar el nivel previo de conocimiento de los integrantes de la clase sobre el tema a impartir, para integrarles como facilitadores del aprendizaje; la necesidad de identificar talentos y conocimientos en la clase que pudieran apoyar su labor profesoral; el manejo democrático de las contradicciones, dejando que fuese la clase la que decidiera que hacer con las posibles disidencias; y de cómo hacer de la clase un proceso interesante, alegre feliz. En ese proceso el teatro, el juego, la construcción de objetos, convierten al estudiante en sujeto del proceso no en objeto. De ello hablare en un próximo artículo.

