Mientras el Gobierno insiste en mantener con el dinero de los contribuyentes a un grupo de empresarios privados del transporte, cada día se reduce la cantidad de autobuses en las rutas que cubre la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses.
El pasado mes fueron donados a los transportistas de autobuses 3 millones de galones de gasoil, lo que equivale a 54 millones de pesos, e igual cantidad fue destinada a los choferes que usan GLP, a través del Bonogás.
Mientras esto pasa, los autobuses de la OMSA, en los que el usuario paga sólo 10 pesos, son sacados de servicio por el deterioro y la falta de voluntad para reponer las unidades inservibles.
¿Qué pasó con los 300 autobuses Mercedes Benz que el Gobierno licitó hace dos años, y de los que sólo se integraron al transporte público 102 unidades?
De acuerdo a estudios técnicos, con los restantes 198 autobuses la OMSA podría responder a una demanda de cuatro millones de asientos cada mes. ¿Dónde están los autobuses?
Hay dos posibilidades: el Estado no adquirió todas las unidades licitadas o las mismas fueron transferidas a otras instituciones o gremios privados. En cualquier caso, debe darse una explicación.
Es extraño que en un país donde diariamente aumenta la demanda de asientos en el transporte, el Gobierno prefiera privilegiar a los transportistas privados con subsidios y no reforzar la flotilla estatal que ofrece el servicio a mitad de precio.
En caso de que el Estado no haya adquirido los restantes 198 autobuses por falta de recursos, la población agradecería que los cerca de 200 millones de pesos que cada mes se otorgan para favorecer a transportistas privados, se destinen a comprar autobuses para la OMSA.
Si este fuera el caso, se trata de una sencilla solución para un problema grave, porque la verdad es que las chatarras de OMSA que transitan en las calles dan pena y vergüenza.

