Es entendible que muchos biógrafos de Juan Pablo Duarte, lo hayan presentado como un ser inmaculado, más cerca del cielo que de la tierra. Su entrega absoluta para darnos una República libre y soberana dentro de inmensas vicisitudes y actitudes reprochables de muchos hombres de poca fe, justifican que sea llamado ‘’El Cristo de la Libertad’’.
Sin embargo, en este 181 aniversario de nuestra independencia nacional, es propicia la ocasión para resaltar la capacidad estratégica del padre de la Patria para hacer posible su idea de libertad.
Las grandes figuras como Juan Pablo Duarte, hacedor de un pueblo heroico como el nuestro, siempre estará rodeado de leyendas, creadas por quienes profesan amor y agradecimiento infinitos a su sacrificio.
Ahora bien, si nos amparamos en el estudio de los hechos históricos, habrá que concluir en que Duarte obró con verdadera genialidad política en todos sus pasos tácticos y estratégicos. La creación de la Sociedad La Trinitaria, la Filantrópica y la Dramática, fueron jugadas maestras para impulsar la idea de la independencia.
Duarte fue alma y corazón del proyecto independentista. En su juramento Trinitario se demuestra que nunca jugó a la improvisación. Tenía todo elaborado en el sentido más amplio de la palabra. El lema de ‘’ Dios, Patria y Libertad”, nos da una idea de que fue un fino estratega.
Primero que Lenin, el líder de la Revolución Rusa, concibió la idea de hacer alianza política, sin afectar su estrategia. Así lo hizo, uniéndose coyunturalmente con el movimiento de la Reforma para sacar de circulación a Jean Pierre Boyer.
Duarte no soñó la patria, Duarte forjó la patria con un proyecto lleno de riesgo y cargado de una fe inconmovible. Su proyecto de Constitución pone de relieve sus luces intelectuales y su sentido de la realidad, pero, sobre todo, su amor a la patria por la cual luchó hasta el último suspiro.
‘’Salve Padre de la Patria’’ proclamó Monseñor Tomas Portes e Infante a la llegada de nuestro héroe del exilio el 15 de marzo de 1844.