Opinión

E l Bulevar de la vida

E l Bulevar de la vida

 La familia, estúpidos,  la familia

          Escrito en febrero de 2007, repito este bulevar porque en medio de la bohemia fatal que el viernes asoló El Maunaloa con canciones homicidas de Anthony y D Oleo, un amigo lector sacó el momento para pedirme se lo enviará por e- mail, pero la noche se hizo tan larga que perdí la ficha de mis apuntes.  Ahí le va, con su perdón y mi agradecimiento por su fiel lectura:

Un niño de 18 meses es asesinado en su casa. La madre admite que lo dejaba solo para irse a trabajar y mantenerlo, y le pedía a su hermana, que vivía muy cerca de la casa, “que le echara un ojo”.

         Al ver este drama familiar y humano, vuelve uno a la vieja canción de Viglietti: “Me matan sino trabajo y si trabajo me matan, el caso es que me matan, ay, siempre me matan”. Y nos matan al hijo, mientras otros violan niñas en la orfandad siniestra de la muerte y el desamparo.

         Sin darnos cuenta, estamos matando el futuro desde el presente, mientras desde el techo en sepia de algún templo, desde el dolor sin fondo de algún alma, una María Magdalena madre nos grita: La familia, estúpidos, la familia. 

         El drama familiar de esta madre de 15 años, sin dejar de ser trágico no es excepcional. Dramas similares se viven diariamente en miles de hogares de nuestro país.

Y entonces, ¿cómo hablar del futuro? ¿Cómo teorizar sobre lucha contra la delincuencia sino se ataca el corazón del agravio?

         Hay quienes creen que bastan patrullas mixtas y policías en Harley para frenar el desenfreno de un país en desbandada, injustamente dividido entre pobres de pedir y ricos de marina y jet set, de modelos por Cartier.

Niños sin padres, madres, ejemplo ni educación, y el narcotráfico barrial sonriente, viéndolos crecer para, -si sobreviven-, engancharlos a su ejército de robos, secuestros, muerte.

         Todo esto, nada tiene que ver estabilidad macroeconómica, puentes del Higüamo, Donalp Trump en Cap Cana, Metros Diandy o rascacielos en la Anacaona.

         Pobres hemos sido siempre, hoy menos que ayer, pero entonces hubo un padre, una pela, un respeto, un pescozón a tiempo, un buen ejemplo. Créanmelo: Si no tenemos familia nunca tendremos un país y menos una patria. Eso. La familia, estúpidos, la familia.

El Nacional

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