Nuestro país tiene unas riquezas invaluables en plantas briofitas y vasculares, a tal nivel llegamos que no hemos podido caracterizarlas debidamente por ausencia de especialistas y en especial por la falta de recursos para estos tipos de investigaciones. Esto sin embargo no ha sido óbice para se hayan podido realizar ensayos en cuanto a este tipo de vegetación, considerada por algunos despectivamente como vegetación rastrera, es decir que se arrastra. Así encontramos trabajos de Marcano Cicero en definidos y enmarcados en el aspecto científico propiamente dicho. Unos datos reveladores de especies que han invadido territorios como Estados Unidos y Méjico lo constituye el siguiente: Tan sólo en Estados Unidos las pérdidas económicas y los efectos ambientales provocados por especies invasoras rebasan los cien mil millones de dólares al año. Ejemplo de semejante impacto es el caso del mejillón zebra, el cual ha generado daños económicos de aproximadamente mil millones, según el reporte del New York Sea Gran. De la misma forma encontramos que especies invasoras han sido esparcidas en nuestro territorio algunas de manera deliberada y otras por ignorancia de quien las porta o las trae. En México, la introducción no-intencional de una especie acuática exótica el pleco o pez diablo en la presa El Infiernillo, ubicada en los límites de los estados de Michoacán y Guerrero, ha tenido un severo impacto en la pesquería local, afectando la calidad de vida de miles de personas, con un costo anual que se estima superior los 16 millones de dólares para la economía de la región. Si anotamos estos datos en nuestro itinerario ambiental, veremos cantidades de plantas introducidas que han cambiado estructuras ambientales de ecosistemas insulares en todo el mundo y nosotros no hemos estado ajenos a esa problemática. La evidencia muestra que la aplicación de medidas preventivas es la manera más efectiva de atender los daños potencialmente devastadores que la introducción de especies invasoras ocasiona tanto al medio ambiente como a la economía. Especies por ejemplo de acacia, una de las seis existentes se localizan en amplias zonas del centro de la república nuestra sembradas o replantadas por organismos oficiales sin darse cuenta de que han hecho un daño irreversible a la vegetación local.

